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Por Claudia Lijtinstens

Las actividades del Observatorio sobre políticas del autismo, en su horizonte de relevamiento e investigación en sus tres ejes -epistémico, clínico y político- toman relevancia en tanto plataforma de la que los psicoanalistas pueden servirse para una apertura al Otro social contando con la representatividad que la FAPOL confiere en tanto soporte de una estructura que asume autoridad epistémica.

Estas actividades se han desplegado en una interlocución sostenida con el Otro social y con otros discursos, apoyadas en las acciones que psicoanalistas y practicantes del psicoanálisis vienen realizando como formas de difundir la política que sostiene el campo freudiano en la especificidad, rigurosidad y eficacia de una praxis que no se subsume a supuestas “buenas prácticas en autismo” sino que intenta restituir la posibilidad de la palabra -la del propio sujeto autista, la de sus familiares- con el horizonte de una separación posible de la vertiente feroz del amo cuantificador, esa que borra todo atisbo de singularidad de la respuesta subjetiva.

La inscripción de psicoanalistas en instituciones permite volverse interlocutores válidos en momentos claves de definiciones en políticas públicas que muchas veces van en el sentido de hacer consistir el pacto -tan actual como brutal- entre el discurso del amo y el de la ciencia.

El Observatorio se mantiene alerta a la manera en la que se despliegan los espacios de debate y de construcción de sentido en la comunidad, para poder formalizar y hacer escuchar los principios de acción orientados en el saber que se construye en la comunidad analítica.

Y es la presencia del discurso analítico en esos espacios, lo hemos verificado, lo que permite un cierto descompletamiento del discurso del amo, hacer emerger otra lógica, otra perspectiva ética que instaura una interrogación en vez de una corroboración diagnóstica. Una pregunta sobre lo Real en juego en cada caso, sobre aquello que no funciona para cada sujeto, para su familia.

Entonces, algunas elaboraciones que ensaya el psicoanálisis en relación al autismo son expuestas en el trabajo colectivo del Observatorio, en las formas que adopta la conversación con otros discursos: en la universidad, en las publicaciones, en los intercambios con legisladores, educadores, comunicadores, artistas, grupos de padres, instaurando transferencias y anudamientos.

Son estos espacios en los que el Observatorio ha podido hacer escuchar la formalización de la clínica psicoanalítica, una clínica que no se reduce a una técnica, sino que propone la elaboración de un saber anclado en ese arreglo original que representa a cada sujeto en su circuito libidinal.

El trabajo que despliega el Observatorio es, tal como lo señalaba E. Laurent hace poco tiempo en Córdoba, “…llevar el psicoanálisis a la política”, creando las condiciones para hacer escuchar el discurso analítico en tanto aloja, con sus instrumentos, aquello que los otros discursos segregan; un saber leer y circunscribir lo imposible de decir que permita que lo particular se inscriba como inigualable.

La experiencia que el psicoanálisis aplicado a la clínica del autismo enseña va conformando un saber que interpela y provoca una deconstrucción permanente de esas categorías clínicas y de las prácticas que están ligadas a ellas, proponiendo una manera singular para alojar ese malestar entre los fenómenos de cuerpo y el lenguaje.

El Observatorio se orienta, sin más, a encontrar o inventar las condiciones para que la acción Lacaniana en el campo del autismo tenga incidencias en lo social en el momento y en el lugar preciso.