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La vida en el mundo actual está marcada por los cambios, es más, se dice que todo cambia con facilidad. Sin embargo, si miramos solo un aspecto, me refiero específicamente a la vida que las mujeres tienen hoy en Bolivia, observamos que se superponen dos discursos que se muestran como opuestos.

Uno de ellos parece consentir voluntaria y conscientemente una forma de vida que incluye la violencia, la injusticia y la desigualdad en la relación de pareja. Esto se evidencia en frases dichas por mujeres: “la vida de casada es así, si no querías esto no deberías haberte casado” o simplemente “Así es, los hombres son así”. Palabras con las que se explica un comportamiento y se pone fin a cualquier interrogación. Algunas mujeres pueden inclusive defender a su pareja señalando: “es mi marido, puede hacer conmigo lo que quiera”. Para la sociología, este comportamiento es reflejo de una herencia social marcada por el patriarcado y el machismo. Dicho lo cual, la violencia en todas sus formas, parecería ser parte importante de una manera de vivir en pareja.

¿Cómo perforar esta concepción de vida? ¿Cómo desordenar y cambiar un orden que impera desde hace décadas? No olvidemos que el ser humano puede ser dócil con el Amo y que eso le trae un rédito de goce difícil de abandonar.

El otro discurso, sostenido principalmente por grupos feministas, reivindica los derechos de la mujer, sale en su defensa y pide justicia. Algo del decir de las mujeres parecería acompañar este discurso: “al principio acepté que me controlara, pensaba que lo hacía porque yo le importaba, luego me di cuenta de que no era así”. “Antes me callaba, tenía miedo a quedarme sola y que la gente hable, ahora ya no me callo, si me deja puedo salir sola adelante”.  Cierto que en muchos casos son enfrentamientos absolutamente especulares, pero, a diferencia del pasado y con el fin de enfatizar sobre un punto que permite hablar de un cambio, podemos decir que se habla más. Esto se refleja en el incremento de las denuncias que reciben las instituciones que se dedican a la protección de la mujer.

Al respecto, la sociología señala la necesidad de empoderar a la mujer. Es verdad que esto es importante, sobre todo en países como los nuestros en los que las diferencias sociales son muy marcadas. Entonces, es necesario que la mujer cuente con más recursos como educación, ingresos y salud para enfrentar el día a día de su vida, incluida su relación de pareja.

Pero ¿es esto suficiente? La realidad nos muestra que mujeres que cuentan con esos recursos, viven situaciones de violencia, no pueden tomar decisiones para salir de ellas e incluso, a veces, son serviles a la violencia.

A nivel internacional se habla de los esfuerzos sociales, legales por proteger a la mujer, pero al mismo tiempo se muestran las cifras que señalan el aumento de la violencia, de la crueldad con que se la ejerce, y por supuesto, del número creciente de feminicidios. En quienes se ocupan de esta realidad social, observamos que pasan del enojo a la impotencia.

La violencia que sufren las mujeres es un hecho evidente, pero, sin intención de minimizar su existencia, señalamos que la vida cotidiana de todos nosotros, hombres y mujeres está marcada por la violencia. Escuchar el noticiero se ha convertido en la escucha de una serie de actos violentos, de todos los tipos. Las telenovelas muestran hechos violentos, inclusive convierten en héroes o heroínas a personajes violentos, sujetos a su propia ley. La audiencia para estos programas crece día a día y cada acto violento es vivido en el marco de lo cotidiano, de lo esperado, casi natural.

Entonces, observamos que la ley social, la ley escrita, no tiene el peso esperado porque muchas veces es la ley del Uno solo la que impera. ¿Es acaso este un aspecto que debemos tomar en cuenta cuando tratamos de entender la violencia que se ejerce sobre la mujer en una relación de pareja, en el mundo de hoy?

Por otro lado, ¿este empuje al Uno solo no se manifiesta cada vez más como segregación y también como indiferencia? La indiferencia cada vez más visible ante la violencia que sufre la mujer.

Actividad de la Biblioteca NEL-Bogotá

4 de junio 2021