El olvido de la letra, la insistencia del ser

GUIDO COLL

Miembro (AP) de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Doctor en Psicología, docente e investigador en la Universidad Nacional de Córdoba

guidocoll@unc.edu.ar

RESUMEN

El artículo que se desarrolla a continuación, parte de una investigación mayor, la cual se propuso elucidar el concepto de parlêtre partiendo de la presunción de que éste supone un desplazamiento en la teoría respecto de la noción de sujeto, lo que produce un impacto teórico-epistémico, como heurístico, que repercute necesariamente en la orientación de la práctica clínica.

En ese recorrido, elaborado en varias dimensiones, encontramos que cada vez que se optó por traducir el significante parlêtre, se privilegió el fonema ser (etre) por el de letra (lettre). Ser-hablante, hablante-ser, ser-diciente. Este recurrente olvido de excluir tal noción, la de letra, y privilegiar el ser, no es sin consecuencias. Y, como todo olvido, supone una resistencia.

Acaso una, y la más importante, es la de dislocar al psicoanálisis de una tradición ontológica semántica. El pasaje de esa tradición a una episteme de la “óntica del goce” es el trabajo que viene proponiendo Miller es sus últimos cursos. El objetivo del presente trabajo es señalar algunos puntos que permitan argumentar a favor de la pertinencia de dicho pasaje.

PALABRAS CLAVE: Parlêtre | Ser | Existencia | Letra

¿Por qué el ser?

La importancia de interrogarnos sobre la cuestión del “ser” tiene muchas aristas. En primer lugar, es necesario atravesar esta noción en tanto que la concepción de sujeto, del algún modo es una pregunta por el ser ¿Que “es” para determinada práctica, discurso, teoría, aquello que supone como sujeto?

En segundo lugar, porque la primera enseñanza de Lacan pivotea sobre el ser. Tanto que Heidegger se torna en una referencia fundamental y necesaria para la construcción del sujeto lacaniano.

En tercer lugar, porque el concepto neológico que consideramos central para situar la última enseñanza de Lacan está compuesto entre sus fonemas por dicha noción, el ser [parlêtre]. Pero además todas las traducciones al castellano privilegian ese fonema por sobre los otros dos componentes del neologismo.[1] Así encontramos traducciones del hablante-ser, el ser hablante o el ser-diciente. Algo que, en continuidad con cierta tradición, se apoya en el sujeto del significante sin considerar la sustancia gozante o el cuerpo, que son nociones indispensables al momento de aproximarnos al concepto de parlêtre y pensar la última enseñanza de Lacan.  De este modo, el ser se torna en el antecedente directo del sujeto del significante y ubica a Lacan en la tradición de una ontología semántica (Miller, 2020).

Interrogar este punto no solo permite entrever el nuevo estatuto del cuerpo como imprescindible a la hora de abordar el parlêtre sino, y sobre todo, precisar la propuesta de Miller (2011b) en su último curso[2], donde afirma que hay una relación de oposición entre el ser y la existencia. En tanto el Uno estaría del lado del segundo, indicando de algún modo una “dimensión óntica del goce” (Miller, 2011, p. 253), más adecuada para un psicoanálisis a la altura de las últimas elucubraciones de Lacan, el ultimísimo Lacan (Miller, 2012).

El atolladero del ser o la existencia del cuerpo

Para desbrozar estos puntos que nos conducen al atolladero del ser comencemos por indicar que, desde muy temprano en su enseñanza el ser se ubica como un punto esencial en la enseñanza de Lacan. En su escrito La dirección de la cura y los principios de su poder (Lacan, 2008 [1958]), texto central e imprescindible en su primera producción teórica, dirá por ejemplo que “el analista cura menos por lo que dice y hace que por lo que es (p. 561)”, remitirá a la “carencia de ser” (p. 563) e incluso un apartado dentro del escrito se titula “como actuar con el propio ser” (p.584). Además, algo que resulta de suma importancia, Lacan indica que la acci

ón del analista “va al corazón del ser” (p. 561) y remite aquí directamente a Freud, y lo que éste nombro en la Interpretación de los sueños (Freud, 1991 [1900]) como Kern unseres wesens. Que, traducido al castellano sería el “núcleo de nuestro ser” (Freud, 1991 [1900] p.199).[3]

Esto inaugura una línea de reflexión sobre el ser para el psicoanálisis. Por esa vía, Lacan encontrará en la crítica a la metafísica clásica, los aportes sobre el develamiento del ser que formula Heidegger y la filosofía inaugurada por dicho autor, un campo fértil de trabajo para el psicoanálisis.

En ese sentido, el sujeto del significante, en tanto surge de la preocupación de la determinación del sujeto por los efectos del lenguaje, encontrará en la renovación del pensamiento por el ser que plantea Heidegger las condiciones necesarias para su elaboración (Aleman & Larriera, 1996; Albano & Naugthon, 2005; Simonelli, 2014). ¿Cómo podemos corroborar esa afirmación? Proponemos hacerlo a partir de dos ejes centrales: a) La temporalidad del sujeto que plantea Lacan y b) la localización de éste en el lenguaje.

El sujeto que plantea Lacan adviene, se produce, es un efecto. Una particular temporalidad, en tanto no está de ante mano, sino que aparece producto de un efecto de lenguaje. Está “por venir”. A esto hay que añadirle la evanescencia del sujeto. Es decir, que el sujeto de Lacan no permanece estable en el tiempo, sino que el advenimiento es correlativo de la evanescencia de este, es un esp de un laps.[4] Un espacio de un lapso. El sujeto “está” por venir en tanto “es” y “ha sido”. Dicha temporalidad, sin duda es tributaria del estar-siendo-sido o siendo-sido para arrojarse y ser. Una temporalidad particular, como afirmamos arriba, que sin dudas tiene sus fundamentos en la temporalidad que postula Heidegger (1997 [1927]).

El otro punto, íntimamente relacionado con la temporalidad del sujeto, es la localización del sujeto: éste aparece y desaparece en el lenguaje. El lugar del sujeto es el lenguaje. Algo que remite directamente a la morada del ser hedeggeriano. Es decir, donde aparece y se evanesce, es en el lenguaje. De allí esta relación cuasi directa entre el sujeto del significante y los postulados de Heidegger sobre el ser.

Entonces, ubicamos esos dos puntos claves para afirmar una relación de continuidad epistémica, en tanto podemos ubicar a los dos – Lacan y Heidegger – en la tradición que nombramos acá como la vía de una ontología semántica. Muchas investigaciones ahondan la relación Lacan/Heidegger o Heidegger/ Lacan, por ejemplo, De Heidegger a Lacan (Simonelli, 2014), quien postula que Lacan “recurre a las reflexiones heideggerianas sobre la estructura y la temporalidad del Dasein para elevar el psicoanálisis al rango de una filosofía del sujeto, habitado por el lenguaje (p. 71), Lacan y Heidegger, los nudos de ser y tiempo ( Albano & Naugthon, 2005) donde se plantea una empresa de mayor riesgo, en tanto asimila -a partir de convergencias y divergencias- la práctica del psicoanálisis con una posible analítica existencial; y la investigación llevada a cabo por Aleman & Larriera (1996) Lacan: Heidegger donde se visibilizan a partir de una operación de lectura, “la excepción que constituye Heidegger en el discurrir lacaninao” (p.13). Nos referimos a estos antecedentes de investigación solo para señalar algunos entre tantos y visibilizar que el cruce entre el filósofo del ser (Moreno, 2002) y el psicoanalista Lacan, tiene muchas más aristas, ribetes y nudos conceptuales por los cuales se puede transitar que los que aquí indicamos.

Ahora nos limitamos a señalar lo que consideramos de esencial para la progresión de esta investigación: La influencia de Heidegger en la concepción de sujeto lacaniano, a partir de identificar dos puntos precisos: La temporalidad del sujeto y la localización del mismo. ¿En qué sentido esto resulta esencial en la progresión de la presente investigación? porque en todos estos trabajos citados, afirman nuestra hipótesis de que por esta vía no hacemos más que dirigirnos hacia el atolladero del ser, que aquí proponemos como la ex-sistencia del cuerpo. En ninguna de ellas encontramos referencias a la sustancia gozante o al cuerpo en el sentido que aquí lo desarrollamos, o más bien en el sentido que el propio Lacan lo desarrolla en su última enseñanza.

Un detalle más que encontramos significativo en este punto. La referencia directa que Lacan hace de Heidegger sobre el tema que nos convoca, está situado en su escrito La ciencia y la verdad (Lacan, 2008 [1965]). Allí retoma la noción del “sujeto cartesiano”, visibiliza la operación heideggeriana y señala la importancia del lenguaje en la constitución del sujeto para el psicoanálisis.

El mencionado ensayo, Lacan lo corrige en enero de 1966 y es el último texto que elabora a pedido de Jaques Alain-Miller para sus Escritos. De hecho, es el texto con el que se cierran casi mil páginas que condensan la primera publicación en formato de un libro de Jacques Lacan. ¿Por qué es útil este dato a la investigación? Precisamente porque dicho acontecimiento, sitúa las preocupaciones lacanianas en ese periodo que nosotros indicamos como la primera enseñanza de Lacan. De allí que resulta importante señalar que en todas esas referencias y alusiones están signadas y fascinadas por el sujeto del significante, preocupación que entendemos, será reemplazada por la sustancia gozante a partir de 1972, que contrapone al ser del lenguaje, el parlêtre de lalangue.

Y a d´l´Un y la ex-sistencia

La jaculación neológica de Lacan: “Hay el Uno” / Y a d´l Un´!, sitúa un punto crucial para precisar el pasaje del ser a la existencia. El “Hay” con el que comienza dicha aseveración, en tanto denota una existencia previa al ser, más acá de Descartes y de toda metafísica moderna. Miller (2020) refiere que al introducir el “Hay”, se desplaza de cualquier categoría ontológica, puesto que no se trata de la cuestión de ser desde el momento que se propone franquear la ontología a partir de decir Y a d´ l´Un, ya que se abstiene de decir el Uno es… más bien

Dice y´a, haciendo elipsis del il. Esta jaculación designa una posición de existencia y si queremos, es un volver a decir la función de la palabra y el campo del lenguaje, reducidos a sus raíces, al puro hecho del significante pensado fuer a de los efectos de significado y del sentido del ser (Miller, 2020).

Esta propuesta de Lacan a la que hacemos referencia – una relativización de la dimensión ontológica en el psicoanálisis – tiene algunos momentos claves previos al desarrollo de la categoría de ex-sitencia. Ubicamos uno de ellos a partir de la siguiente cita de 1970 donde Lacan (2012 [1970]) afirma:

A decir verdad, bastó con que temiesen verme ahí surgiendo a lo real para que un despertar se produjera, de tal manera que no encontraron nada mejor que el jardín del que describía sus delicias, expulsarme a mí mismo. Por lo que retorné a lo real de la ENS, es decir, del ente [étant] (o del estanque [étang] de la École Normale Supérieure, donde el primer día que ocupé mi plaza me interpelaron sobre el ser que concedía a todo esto. Por lo que decliné tener que sostener mis intenciones en ninguna ontología. En la medida en que fue mi intención de un auditorio que tenía que acostumbrar a mi logía, de su onto [onto] yo hice el vergonzoso [honteux]. Toda onto asumida ahora, responderé sin rodeos ni enredos, ni tampoco con un bosque para esconder el árbol. Mi prueba [éprueve] solo toca al ser al hacerlo nacer de la falla que produce el ente al decirse (…) Pero hay otra mediación que Sócrates dijo en acto. Él sabía cómo nosotros que al ente le hace falta tiempo para hacerse el ser” (p. 449)

Allí Lacan hace referencia al seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (Lacan, 2006 [1964]) el cual estuvo signado por los efectos políticos, clínicos y epistémicos que tuvo su expulsión de la International Psychoanalytical Association (IPA). Entre esos efectos, uno de importancia es que Lacan pasó a dictar su seminario en la Casa de Altos Estudios, propiedad de la Ecole Normale Superieure, lo que trajo aparejado el ingreso a su seminario de una generación de “normalistas”.[5] Es decir que el auditorio de Lacan empezó a contar con alumnos y oyentes formados en la filosofía y no solo en la medicina, como lo eran hasta ese momento la mayoría de los asistentes al seminario. Entre esos nuevos alumnos se encontraba Jaques Alain-Miller quien le dirige a Lacan, en la segunda clase del seminario, una pregunta sobre “su” ontología. En esa oportunidad Lacan respondió lo siguiente:

Podríamos decir de la hiancia del inconsciente que es pre-ontológica. Insistí sobre el carácter demasiado olvidado – olvidado de una manera que no deja de ser significativa – de la primera emergencia del inconsciente, carácter que consiste en no prestarse a la ontología. En efecto, lo primero que se le hizo patente a Freud, a los descubridores, a los que dieron los primeros pasos, lo que se hace patente aun a cualquiera que en el análisis acomode su mirada un rato a lo que pertenece propiamente al orden del inconsciente es que no es ni ser ni no ser, es no realizado (Lacan, 2006 [1964] p. 38)

Vemos de este modo que Lacan, ya a mediados de los años 60, encontraba incómodo la herencia metafísica y ontológica para el psicoanálisis. Pero también corroboramos que no lograba, todavía, afirmarse en otra tradición. Es así como en el último texto para publicar de sus escritos, que nos referimos en párrafos anteriores – La ciencia y la verdad (Lacan, 2008 [1965]) –, marca un punto de corte en dicha tradición. Punto de corte que se trasformará en un giro epistémico, a partir de que comienza a explotar la categoría de la ex-sistencia.

Podemos observar que entre los años 1970 y 1973, fundamentalmente en el seminario 19 …o peor (Lacan, 2012 [1971/1972]), en el seminario 20 Aún (Lacan, 2004 [1972/73]) y en su escrito Radiofonía (Lacan, 2012 [1970]), abordará el tema de la existencia como categoría en detrimento de la ontología y propondrá el Uno como operador fundamental de la existencia. Afirmará también que el pretexto para abordar este tema estaría determinado porque “el cuerpo es evidentemente una de las formas del Uno” (Lacan, 2012 [1971/72] p. 142).

En esa dirección debemos señalar que la ex-sistencia, escita con guion tal como lo hace Lacan cada vez que utiliza ese significante, tiene sus raíces etimológicas en exsistere que refiere a estar, ser, aparecer (sistere) por fuera (ex). Esto es que algo existe, previo a lo que puede ser, o por fuera de lo que es. Por eso dirá Lacan (2012 [1970]) “como lo real, no es cuestión de entenderlo, sino de demostrarlo” (p.431).

Sí bien resultaría demasiado osado pretender incluirnos en la discusión filosófica al respecto de la categoría de la existencia, consideramos pertinente precisar los autores de los cuales se sirvió Lacan para efectuar el giro que venimos señalando.

Hay tres referencias ineludibles que aquí identificamos en serie, para abordar la categoría de la ex-sistencia. Sin proponerlos en orden de importancia o de aparición (pues casi todos ellos aparecen a lo largo de toda la Obra de Lacan), ubicamos en esta triada a Kurt Gödel [1906-1978], a George Cantor [1845-1918] y a Gottlob Frege [1848-1925].[6]

Del primero, se hará eco sobre todo en la demostración de lo imposible. Por eso mismo la dificultad de explicar algo que se demuestra. A esto se dirige Lacan en la cita que incluimos líneas arriba sobre lo real. Lacan se referirá al teorema de Gödel referido a la aritmética, donde se procede por la demostración de lo enunciable en la matemática y no por los valores de verdad o la noción de lo verdadero. Entonces, lo que existe se demuestra en tanto “hay” y no se define por decir que “es” a partir de sus atributos verdaderos.

Del segundo, Lacan hará uso fundamentalmente de la teoría de los conjuntos. Esto le servirá para abordar el conjunto vacío y abandonar la teoría de las clases referidas a lo que contiene algún atributo compartido. Dirá Lacan: “La diferencia entre la clase y el conjunto es que, cuando la clase se vacía, aún está el elemento que es el conjunto vacío. Justamente en esto, una vez más, la matemática hace que la lógica progrese” (Lacan, 2012 [1971/1972] p.106). Así mismo, otro punto distintivo que tomará de la teoría de los conjuntos es lo necesario lógico para fundar cualquier funcionamiento, de una excepción que lo funde, y que por tanto ex-sista.

De Frege cooptará sus avances en las matemáticas en torno al cero y su relación con el Uno, ya que fue éste quien se interrogó “lógicamente lo que ocurre con el estatuto del número” (Lacan, 2012 [1971/72] p.51). A partir de allí Lacan elucidará que el Uno no es unívoco, que hay dimensiones del Uno y que hay una “bifidez” del Uno. Que “hay un Uno que Platón distingue tan bien del Ser. “El Ser es Uno siempre, en todos los casos, pero el Uno no sabe ser Ser: He aquí lo que por cierto está perfectamente demostrado en el Parménides” (p. 132). Por un lado, está el uno vaciado por el cero que a partir de añadir “unos” comienza la serie de números enteros, pero también el Uno que no accede al dos (Lacan, 2012 [1971/72]) y que inaugura el campo de lo “huniano”. Este Uno, con mayúsculas, “tiene su origen en el Parménides de Platón” (p. 123) y funda lo que Miller denomina la henología (2011b) en contraposición a la ontología. Allí, el Uno que está en juego es, al contrario del que está en juego en la repetición, “el Uno como Uno solo” (Lacan, 2012 [1971/72]p. 163).

Así Lacan, con el discurso de las matemáticas, se propone abordar lo real a partir de lo imposible y de allí a la categoría de la existencia que demuestra a partir del Hay Uno. Dirá “entonces pues, hay Uno [il y a de l´Un]. Habría que escribirlo – hoy no estoy muy predispuesto a escribir, pero en fin, ¿por qué no? – Haiuno (Yad´lun]” (Lacan, 2012 [1971/72] p.125).

A partir de estas elucubraciones podemos decir que la ex-sistencia precede al ser en tanto sentido, en términos de estar por fuera. El Uno, con su correlato en la sustancia, es lo que hay previo del sentido que proviene del Otro. Por eso la ex-sistencia de la sustancia debemos leerla en correlación con la inexistencia del Otro.

Debemos agregar para cerrar esta deriva por el Uno, que el cuerpo, como citamos a Lacan más arriba, es una de las formas privilegiadas del Uno.

Proponemos entonces un simple cuadro de relación que nos permita contraponer algunas nociones claves que trabajamos, para observar el giro que señalamos sobre el cual se asentará el desarrollo de un nuevo estatuto del cuerpo en el psicoanálisis, y un nuevo programa de investigación.

Es # Hay
Ser # Ex-sistencia
Ontología # Henología
Otro # Uno

El olvido de la letra

Este Haiuno que intento introducir, se distingue por toda la diferencia que hay entre lo escrito y la palabra (Lacan, 2012 [1971/72] p.139).

Para finalizar, queremos retomar el detalle del olvido del fonema “letra” en las diversas traducciones del parlêtre – en tanto cada vez se hizo, eligieron resaltar al ser en detrimento de la letra -, y destacar la importancia de este olvido.

No es casual que en el momento del pasaje de la ontología a la existencia que venimos señalando Lacan escriba Lituratirrea (Lacan, 2012 [1971]). Un texto clave donde presentará un nuevo modo de abordar la noción de letra, en tato la pensará en una dimensión diferente a la que trabajó en La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud (Lacan, 2008a [1957]) y la ubicará en un plano diferente al significante, que antes de algún modo había homologado. Si la primera producción teórica de Lacan estuvo signada en la obertura de sus escritos por El seminario sobre la Carta robada (2008 [1956]) donde la primacía significante adquirió el estatus ordenar y resignificar la teoría del psicoanálisis, Lituratierra (Lacan, 2012 [1971]), texto que da inicio a los Otros Escritos (Lacan, 2012), indica el pasaje del significante a la letra como brújula para abordar la última producción teórica de Lacan. ¿En qué sentido se diferencia la letra del significante? Que la letra adquiere valor de cifra, de número. Está previo al significante, fuera de sentido y ligado al rasgo Unario, a lo que en el cuerpo se escribe, previo a todo decir/desear.[7]

Así Lacan afirmará que es fundamental para captar algo de la letra, el carácter de litoral de ésta entre saber y goce (Lacan, 2012 [1971] p. 25). El saber del lado del significante, el goce del lado de la letra. Así se inaugura otra perspectiva u otro registro del sujeto, que es el que proponemos se nombra de la mejor manera con el concepto de parlêtre. Así lo trasmite Lacan: “En otros términos, el sujeto está dividido como por doquier por el lenguaje, pero uno de sus registros puede satisfacerse con la referencia a la escritura y otro con la de la palabra” (p.28). Es fundamental tomar esto que señala Lacan, porque ubica allí “otro” registro, ese otro registro que venimos señalando que podría ubicarse en la serie letra-escrito-cuerpo a diferencia de la serie significante-decir-ser. Entonces, si en La Instancia de la Letra… Lacan pensaba en los efectos de significado a partir de la metáfora y por la metonimia, con la conceptualización de la letra, el significante actúa a partir de los efectos de goce (Miller, 2011b). Así, hay una dimensión del significante que se escucha y significa y otra que se lee, en tanto escrito y opaco de sentido. De allí que el Uno de la existencia obedece a un efecto de escrito (de goce) y no a un efecto de significado de ser/desir.

Para finalizar, señalamos una vez más, que el olvido de la letra en las sucesivas traducciones y alusiones que se hacen del concepto neológico de parlêtre, trae aparejado cierta dificultad en visibilizar la ruptura epistémica de Lacan respecto de la tradición semántica-ontológica sobre la cual se asentó su primera enseñanza.  La orientación lacaniana propuesta por Miller implica situar al psicoanálisis en una episteme más próxima a una óntica del goce, privilegiando la letra y no el ser. Para ello, conviene no olvidar que la letra ex-siste.

NOTAS

[1] El significante parlêtre está compuesto la condensación del verbo parler, de la palabra/concepto de lettre, y del verbo être.

[2] El curso de Jaques-Alain Miller al que nos referimos permanece inédito. Sin embargo, hemos accedido a la des-grabación en crudo de dicho seminario. El título del mismo, en un principio fue traducido por El ser y el Uno, pero una reciente clase publicada y establecida por dos de sus alumnos, refieren a dicho seminario intitulado L´Un tout seul. Por ello en las referencias bibliográficas, aparecen ambos títulos. En caso de referenciar alguna cita directa de este seminario, incluiremos la fecha en que fue pronunciada.

[3] Introducimos aquí la cita completa a la que nos referimos: “El núcleo de nuestro ser está constituido por el oscuro ello, que no comercia directamente con el mundo exterior y, además, solo es asequible a nuestra noticia por la mediación de otra instancia”

[4] Hacemos alusión aquí a una cita de Lacan, que trascribimos a continuación: “Cuando el esp de un laps, o sea, puesto que no escribo sino en francés, el espacio de un lapsus, ya no tiene ningún alcance de sentido (o interpretación), solo entonces uno está seguro de estar en el inconsciente. Uno lo sabe, uno mismo. Pero basta con que se le preste atención para salir de él. No hay allí amistad que a ese inconsciente lo soporte (Lacan, (2012 [1976] p.599).

[5] Adjetivo con el que se conoce a los egresados o alumnos en curso que estudian en la Escuelas normales superiores de Francia.

[6] Ubicamos en este punto tres pensadores que pivotean sobre la filosofía matemática – Goedel, Cantor y Frege– y una tradición filosófica –Platon y los neo-platonianos – que ponemos en serie a partir de lo señalado por Lacan y la apropiación que éste último hace de ellos. Es importante decir que no localizamos una referencia directa en estos autores, sino la mediada por Lacan, quien a su vez tiene un estilo de “apropiación” particular y no siempre se atiene a las referencias y tradiciones establecidas. Aclaramos este punto porque, de cada una de estas referencias se podría desprender una investigación propia, pero que exceden en mucho la presente tesis. Creemos que esta mediación a través de Lacan, para señalar lo que consideramos fundamental en la investigación que nos concierne, es suficiente.

[7] En este punto, jugamos entre el significante decir y desir que en lengua francesa quiere decir deseo. Lo mismo que en un juego de palabra en el párrafo siguiente, entre de-ser y désir. Nos permitimos este juego de resonancias en tanto venimos proponiendo una continuidad ontológica entre el ser que se significa, el decir y el deseo.

REFERENCIAS

  • Albano, S. y Naugthon, V. (2005) Lacan: Heidegger, nudos de ser y tiempo. Buenos Aires: Quadrata

  • Alemán, J. & Larriera, S. (1996) Lacan: Heidegger. Buenos Aires: Del cifrado

  • Freud, S. (1900) La interpretación de los sueños. Obras Completas vol. 4. Buenos Aires: Amorrortu, 1991.

  • Heidegger, M. (1927) Ser y tiempo. Santiago: Editorial Universitaria, 1997.

  • Lacan, J. ([956) El seminario sobre la carta robada. Escritos I, pp. 23-69. Buenos Aires: Siglo XXI, 2008.

  • Lacan, J. (1958) La dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos II, pp. 559-611. Buenos Aires: Siglo XXI, 2008.

  • Lacan, J. (1957) La instancia de la letra en el inconsciente, o la razón desde Freud. Escritos I, pp. 461- 495. Buenos Aires: Siglo XXI, 2008.

  • Lacan, J. (1964) El seminario, libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 2006.

  • Lacan, J. (1970) Radiofonía. Otros escritos, pp. 425-471. Buenos Aires: Paidós, 2012.

  • Lacan, J. (1971) Lituratierra. Otros escritos, pp. 19-29. Buenos Aires: Paidós, 2012.

  • Lacan, J. (1971/1972) El Seminario, libro 19. O peor…Buenos Aires: Paidós, 2012.

  • Lacan, J. (1972/1973) El Seminario, libro 20. Aún. Buenos Aires: Paidós, 2004.

  • Miller, J.A (2011) Sutilezas analíticas. Buenos Aires: Paidós.

  • Miller, J.A (2011b) El Ser y el Uno o L´Un tout seul. Curso inédito.

  • Miller, J.A. (2012) El ultimísimo Lacan. Buenos Aires: Paidós.

  • Miller, J.A. (2020) El ser, es el deseo. Disponible en: https://congresoamp2020.com/es/articulos.php?sec=el-tema&sub=textos-de-orientacion&file=el-tema/textos-de-orientacion/el-ser-es-el-deseo.html

  • Moreno, L. (2002) Martin Heidegger. Madrid: EDAF

  • Simonelli, T. (2014) De Heidegger a Lacan. Verba Volant, revista de Filosofía y Psicoanálisis, 4 (1), 71-91.