Los algoritmos y el amor…

Pia Marchese

Psicoanalista en Córdoba, Argentina. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Adherente del Centro de Investigación y Estudios Clínicos (CIEC). Docente Facultad de Psicología UNC.

E-mail: piamarchese@gmail.com.

RESUMEN

El texto aborda a partir de una producción audiovisual – el episodio 4: “Hang the DJ”, de la cuarta temporada de Black Mirror (Brooker, 2017) – acerca de cómo los algoritmos y la tecnología han cambiado la forma en que los sujetos buscan y experimentan los encuentros amorosos, específicamente a través de aplicaciones de citas. El episodio resalta la tensión entre la lógica del algoritmo, que intenta predecir el amor, y la naturaleza impredecible del deseo. El sistema crea una ilusión de certeza en los encuentros, eliminando la incertidumbre y el riesgo que conlleva el amor. Sin embargo, este control no puede resolver el enigma del deseo humano. Lacan propone que el amor suple la ausencia de relación sexual, lo que significa que el amor y el deseo siempre estarán marcados por una falta. Esta falta es precisamente lo que los algoritmos no pueden calcular, el amor se presenta como una elección impredecible que no puede ser reducida a fórmulas algorítmicas​.

Palabras claves: algoritmos; deseo; gadgets; amor; no relación sexual; ciencia; técnica; capitalismo.

RESUMO

O texto aborda, a partir de uma produção audiovisual – o episódio 4, “Hang the DJ”, da quarta temporada de Black Mirror (Brooker, 2017) –, como os algoritmos e a tecnologia transformaram a maneira pela qual os sujeitos buscam e vivenciam os encontros amorosos, especialmente por meio de aplicativos de relacionamento. O episódio evidencia a tensão entre a lógica algorítmica, que busca prever o amor, e a natureza imprevisível do desejo. O sistema cria uma ilusão de certeza nos encontros, eliminando a incerteza e o risco inerentes ao amor. Contudo, esse controle não é capaz de solucionar o enigma do desejo humano. Lacan propõe que o amor supre a ausência da relação sexual, de modo que amor e desejo permanecem marcados por uma falta estrutural. É precisamente essa falta que os algoritmos não podem calcular: o amor apresenta-se como uma escolha imprevisível, irredutível a fórmulas algorítmicas.

Palavras-chave: algoritmos; desejo; gadgets; amor; não relação sexual; ciência; técnica; capitalismo.

ABSTRACT

Drawing on the audiovisual production Black Mirror (Brooker, 2017), specifically episode 4 of its fourth season, “Hang the DJ,” this paper examines how algorithms and technology have transformed the ways subjects seek and experience romantic encounters, particularly through dating applications. The episode highlights the tension between algorithmic logic, which attempts to predict love, and the unpredictable nature of desire. The system creates an illusion of certainty in relationships, eliminating the uncertainty and risk inherent to love. However, such control cannot solve the enigma of human desire. Lacan argues that love compensates for the absence of a sexual relationship, meaning that both love and desire remain marked by a structural lack. It is precisely this lack that algorithms cannot calculate: love emerges as an unpredictable choice that cannot be reduced to algorithmic formulas.

Keywords: algorithms; desire; gadgets; love; non-sexual relationship; science; technology; capitalism.

Amy: Debía ser una locura antes del sistema, la gente tenía que ocuparse por su cuenta de toda la relación, y de averiguar con quien estar.
Frank: La parálisis de la elección, tantas opciones que no sabes cuál elegir.
Amy: Exacto y si algo salía mal tenían que decidir ellos mismos si terminar con alguien.
Frank: ¡¿Cómo terminar con alguien?! ¡Un infierno!
Amy: Una pesadilla.
No es como cuando todo está planeado.

(“Hang the DJ”, Black Mirror, E: 4 T:4)

 

El algoritmo de los encuentros

El episodio “Hang the DJ” nos ofrece una visión acerca de cómo las aplicaciones de citas, han transformado la manera en que las personas se relacionan y buscan pareja, volviéndose determinante en las relaciones entre los sujetos. Tinder, OkCupid, Bumble, Grindr, Happn, Her, Macht, etc. con usuarios que las prefieren específicamente según el continente en el que se encuentren, se han convertido en un elemento crucial para mediar con lo complicado del encuentro entre los sexos.

Al volverte usuario de las mismas, el algoritmo que las compone recopila información básica: edad, ubicación, género, preferencias, intereses, hobbies, comportamiento dentro de la app, preguntas de compatibilidad emocional y social, valores y preferencias. Utilizan técnicas de aprendizaje automático y con el tiempo, aprende sobre tus comportamientos, como a quién le das “like” o a quién descartas, ajustando las sugerencias para mostrarte opciones que coincidan más con tus gustos.

Incluso algunas observan patrones más sutiles, como el tiempo que pasas mirando ciertos perfiles o la frecuencia con la que inicias una conversación, para ajustar las sugerencias. Tienen en cuenta hasta la popularidad y el comportamiento social.

En este sentido, los algoritmos optimizan la experiencia de los usuarios mostrándoles personas con quienes podrían tener una mayor probabilidad de conexión exitosa e interacción positiva, evitando la angustia y la incertidumbre de tener que asumir una posición frente a otro desconocido. Cuestiones solucionadas por los avances de la ciencia y la técnica, mediante patrones que buscan datificar lo subjetivo y gestionar de ese modo los cuerpos.

Ahora bien, podemos preguntarnos, estos avances ¿solucionan los temas del amor?

El gadget como respuesta

La fecha de caducidad que nos refiere el sistema en la serie, nos anticipa de qué se trata la cosa en relación al avance tecnocientífico tomado como herramienta del capitalismo. El psicoanalista J.-A. Miller nos indicaba que, frente al malestar en la cultura inherente a los sujetos – ya remarcado por Freud –, cada época ofrece ciertas respuestas particulares (Miller, 2005). En la actualidad, esas respuestas son ofrecidas por el mercado con la premisa del sujeto consumidor de manera global. Es decir, cómo resolver el malestar: consumiendo. Lo que alcanza en distintas medidas a toda la humanidad, estando quienes se entregan sin problemas al sistema, los que resisten con muestras de odio, violencia y agresividad; y los que quedan segregados de esta lógica.

Entonces, nos encontramos en un tiempo en que la producción de objetos viene a funcionar como tapón de la angustia, la incertidumbre y el malestar. Cierto rechazo al inconsciente, a lo que no se puede cifrar, nombrar, estandarizar y por supuesto, a las vicisitudes a la que nos enfrentan las cosas del amor, se vuelven evidentes. Se generan así nuevos síntomas: por ejemplo el de la soledad, el aislamiento y la apatía; ya que lo incalculable del amor, se rechaza.

Estos objetos, vienen bien a los sujetos porque ofrecen la ilusión de reducir al mínimo el encuentro con lo incalculable angustiante de los lazos. Como ideal, suponen que todo puede traducirse en forma de datos y no sólo que son capaces de interpretar nuestros deseos sino que pueden anticiparlos.

Christiane Alberti (2025) señala que, en la actualidad, el orden erótico se encuentra fuertemente atravesado por la lógica del mercado, donde “el objeto está al mando” y los vínculos tienden a configurarse de un modo cada vez más despojado de afecto, prevaleciendo los objetos de la realidad sobre la causa íntima del sujeto.

El rechazo generalizado a lo que es más propio de los sujetos del lenguaje, su heteronimia más íntima, tiene como efecto nuevas problemáticas y nuevos síntomas que se presentan en la clínica -lo que plantea sus interrogantes- ya que los algoritmos no resuelven el enigma del deseo humano, sino que se convierten en un elemento más que condiciona las formas actuales de malestar y padecimiento.

Síntoma contemporáneo

Contrariamente a la solución que ofrece el mercado para salir del impasse frente al encuentro, lo que constatamos en la clínica es un recrudecimiento de distintos síntomas que terminan en aislamiento o en su reverso: una salida más bien por la vía de la compulsión, el acting y la exposición al riesgo. Cuestiones que podríamos leerlas desde la promoción de prácticas más bien de índole autoeróticas frente al malestar, con una consecuente degradación del otro y de uno mismo. Al rechazar lo hetero, en relación a la diferencia que escapa de toda universalización, no solo el otro se vuelve consumible mediante ciertas características “a pedido” de las apps, sino que uno mismo se ofrece como objeto de consumo en ese intercambio. La erótica por lo tanto, se ve así reducida, perdiendo como consecuencia en muchas ocasiones sus ribetes de deseo en ese proceso.

Lo que falla

Volvamos a la serie. Esta historia de amor – la de Frank y Amy – nos rebela la falla en el sistema. El encuentro amoroso se presenta como la falla en el cálculo de la estandarización algorítmica. Es así que vemos que de 1000 simulaciones del sistema, en 998, Amy y Frank, rompen con lo programado, y su lazo, aparece, fuera del cálculo.

Vemos pasar muchas citas, pero solo una logró el estatuto de encuentro. Los hubo forzados, pero no se produjeron. Vemos el rechazo, lo insoportable de los sonidos, los olores que se desprenden de un cuerpo otro. Se introduce la vergüenza, el humor, el engaño, las dudas, la inseguridad, todo lo más humano. Uno – el de los protagonistas – cobró el estatuto de necesidad. Como lo expresa Frank, una sensación en el cuerpo que se vuelve necesidad, e instala, después de una contingencia, una repetición. Algo se escribe y necesitan verse una vez y mil más, ya no se pueden separar. Y así son los perfect machts de la vida real, que nada tienen que ver con lo perfecto, pero si, cuando algo del uno y el otro se vuelve necesario, imprescindible, por el tiempo, que dure…

Los obstáculos de la sexualidad

Freud (1905/1992) nos enseñó que en lo que respecta a la sexualidad humana, nada es simple. Por estar atravesados por un trauma estructural, por un conflicto como inherente a la complejidad del psiquismo, es decir, por ser sujetos del inconsciente, lejos estamos de que el amor y las relaciones sean cosa simple. Las mismas no están determinadas ni programadas biológicamente. El lenguaje introduce variaciones: los gustos y los placeres son del orden de lo más singular; los modos de gozar, amar y desear también, lo que dificulta todo cálculo posible en las estadísticas de los encuentros, incluso como combinar esos tres en uno mismo.

Sabemos también por Freud (1905/1992), que estamos atravesados por una pérdida estructural, algo nos falta desde siempre. Es lo que Lacan (1960/2008) llamó castración: desde que hablamos no podemos decirlo todo, hay algo de indecible en la sexualidad y la muerte, por ejemplo. Falta que inaugura un deseo cuyo destino será el intento de recuperar algo perdido y anhelado por siempre, imposible de decir. Es lo que lleva a Lacan (1971-1972/2012) más adelante a afirmar que la relación sexual no existe, sino cada uno, con sus síntomas, y enlazándose a partir de allí, rompiendo con la idea de la media naranja y la ilusión de completud.

Más allá que el descubrimiento freudiano tenga más de 100 años, esto se rechaza por estructura. No queremos saber acerca de lo que nos falta, no queremos escuchar nada de la imposibilidad, cuestión que vemos todo el tiempo en la clínica. Asumirnos castrados y asumir lo que al otro le falta no es cosa fácil, por más que esta posición recrudezca el sufrimiento y dificulte aún más los encuentros.

El algoritmo lacaniano, lo que escapa a la estandarización

“Hang The DJ” nos muestra la paradoja de que en el intento de alcanzar la pareja ideal, el perfect macht, The One (que nombra otra serie que aborda la temática de manera excelente), lo que aparece es la inadecuación entre lo universal y lo más singular, con la música sonando en el final evidenciando esa discordancia: cuelguen al dj que no pone música que diga algo sobre mí.

Un sistema que prescriba la pareja ideal, no deja margen para la emergencia subjetiva de una elección singular, aunque nos defienda de las incertidumbres que implica lo amoroso. Ya nos anticipaba Lacan (1975/2010) acerca de que: “Hemos hecho algunos progresos, pero ¿qué nos procura la ciencia, a fin de cuentas? Algo para distraer el hambre en lugar de lo que nos falta en la relación” (p. 107). Es decir, se trata de distracciones, modos de hacer con lo que no puede ser colmado.

Llegamos al conocido aforismo lacaniano para plantear que: “el amor suple la ausencia de la relación sexual. […] es una metáfora, el amor como metáfora de lo que no hay” (Miller, 2008, p. 158). Cuando se ama, se ama a pesar de lo que al Otro le falta, no por lo que tiene. Se ama al otro en su indigencia y requiere de cada uno de los protagonistas de la novela amorosa asumirla, para que el amor tenga lugar.

Cada civilización ofrece los modos de respuesta frente a la no relación sexual, son semblantes para hacer con ello, lo que no implica que la haya, son escenarios posibles para el tratamiento de esa imposibilidad. Lejos de los protocolos algorítmicos que cosifican a los sujetos, las elecciones amorosas están hechas de ficciones, de detalles, de puntos desconocidos para aquel mismo que ama o que es amado.

Como plantea Miller en el texto Lógicas de la vida amorosa (1989/2009) un psicoanálisis se distingue de los demás discursos, en el punto que está advertido de que la relación sexual no existe. A diferencia del discurso de la ciencia que pretende ser un lenguaje universal, el discurso psicoanalítico fundamenta su práctica a partir del no saber, sabe que en la estructura del lenguaje hay algo que no se puede decir, en su estructura misma hay algo que no tiene nombre, un elemento descompletante, destotalizante, que se puede escribir como S(A barrado), -phi, o positivamente como a.

Ese a es irreductible a cualquier predicción, a cualquier intento de protocolización o normativización. Los algoritmos ignoran esta dimensión: no pueden calcular lo que funda el deseo. Aquí se evidencia la tensión entre el discurso de la ciencia, de pretendida universalidad, y el discurso analítico, que apuesta por aquello más singular.

Un análisis permite localizar la respuesta singular frente al malentendido de los sexos y otorga la posibilidad de encontrar de que nuestra propia indigencia y la del otro sea más tolerable, inventando un saber hacer con ese aspecto imposible de estandarizar y cifrar.

La re(v)elión: De la impotencia a la imposibilidad

La estructura del deseo se revela en el episodio. Como dijimos anteriormente, el deseo humano es algo que no puede ser satisfecho por completo, tanto Amy como Frank buscan algo más allá de lo que el sistema les impone, se resisten a obturarlo con patrones y recetas. El gadget pareciera que orienta, actúa como brújula, pero el costo de esa orientación es el aplastamiento del deseo, Amy rápidamente algo puede captar de este aspecto.

La vía del deseo implica correr un riesgo, enfrentarse a la incógnita de atravesar el muro sin saber que hay detrás, aceptar que una elección no tiene garantías, y que al elegir, algo se pierde. Esto nos muestra que en el amor se trata de saltar al abismo de lo insondable del Otro, de lo no calculado y de lo imposible de normativizar de un encuentro.

En un comienzo Amy y Frank parecen encerrados en una repetición pasivamente, como si no pudieran romper su propio destino. El psicoanálisis nos enseña que eso es posible, pero para ello es necesario responsabilizarse por una elección, que nos permita pasar de la impotencia y la renegación, a un saber hacer con el imposible, vía el amor. Esa es la apuesta, sobre todo en estos tiempos, porque estamos advertidos de que, incluso con una potencia de cálculo formidable, la relación sexual no puede escribirse (Laurent, 2020).

Clínica algorítmica versus sujeto del inconsciente: el punto de fuga y la ética del psicoanálisis

Frente a una época de pretendida universalidad y reducción a la mínima unidad de la cifra del ser, la ética analítica apunta a lo que falla, a los equívocos, al malentendido, a eso que se juega en otro nivel que el de los datos y que Freud puso en primer plano con su descubrimiento. De la pretensión de un sistema que se postula poseedor de todo saber a la ética que determina sus principios a partir de su punto de fuga.

Frente al rechazo a todo lo que es del orden del inconsciente, con una predominancia del yo como empresario de sí mismo, con la prisa y los síntomas en el cuerpo que aparece perturbado; sumado al empuje de un mercado que no tarda en ofrecernos el remedio a nuestro malestar antes de que éste siquiera exista, ¿cómo pensamos el porvenir del inconsciente? ¿cómo sostenemos lo que es más propio de un sujeto? Ofrecer una escucha que apunte a lo que es de ese orden, lo más propio, se vuelve una cuestión ética fundamental en nuestra praxis, poniendo en valor aquello que rompe con los universales y da cuenta del punto irrepetible de cada quien, esa máxima singularidad.

REFERENCIAS

  • Alberti, C. (2025). No hay relación sexual. Texto presentado el 3 de febrero de 2025 en ocasión de la velada de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, inaugurando el trabajo en dirección al XV Congreso de la AMP 2026. https://congresamp.com/blog/no-hay-relacion-sexual/

  • Brooker, C. (2017). Hang the DJ [Episodio de serie televisiva]. In Black Mirror. Endemol.

  • Freud, S. (1992). Proyecto de psicología. In S. Freud, Obras completas, tomo I. Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1895).

  • Freud, S. (1992). Tres ensayos de teoría sexual. In S. Freud, Obras completas (Vol. 7). Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1905).

  • Miller, J. A. (2005). El Otro que no existe y sus comités de ética. Editorial Paidós.

  • Miller, J. A. (2008). El partenaire-síntoma. Editorial Paidós.

  • Miller, J.-A. (2009). Lógica de la vida amorosa. Manantial. (Trabajo original publicado en 1989).

  • Miller, J.-A. (2022). Para introducir el efecto-de-formación. In J.-A. Miller, Cómo terminan los análisis. Paradojas del pase. Grama. (Trabajo original publicado en 2002).

  • Lacan, J. (2008). Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. In J. Lacan, Escritos II. Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1960).

  • Lacan, J. (2010). La tercera. In J. Lacan, Intervenciones y textos II. Manantial. (Trabajo original pronunciado en 1975).

  • Lacan, J. (2012). El seminario, libro 19: O peor (J.-A. Miller, Estab. del texto). Paidós. (Trabajo original pronunciado en 1971-1972).