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Lacan Quotidien n°7
Una intersubjetividad facticia
Patricia Bosquin-Caroz
A fines de 2025 descubríamos, estupefactos, la proliferación de centros especializados en el seno de la psiquiatría pública francesa. Financiados por la fundación FondaMental, socio privilegiado del Estado y promotora de una psiquiatría biomédica “data-driven”, estos centros se inscriben en el marco de los programas PERP (Programa y Equipamiento Prioritario de Investigación) y PROPSY (Programa de Psiquiatría de Precisión). Su misión consiste en recolectar datos, producir nuevos diagnósticos y elaborar modelos predictivos destinados a ser aplicados a la población a través de otro programa, French Minds.
¡La sola enumeración de estos dispositivos produce vértigo! Más allá de su estructura en redes y de su entramado territorial, este proyecto resulta inquietante por la ideología que lo sostiene: un cientificismo asumido, deviene operante por los nuevos avances tecnológicos. En efecto, sólo la inteligencia artificial (IA) permite procesar tal cantidad de datos indispensables para su implementación. Hoy se percibe la magnitud de su implicación en el ámbito público de la salud mental y, de manera concomitante, en el sector privado de las psicoterapias.
En los Estados Unidos, el uso privado de la IA se ha extendido rápidamente a la evaluación del psicoterapeuta, incluso del psicoanalista. A través de aplicaciones móviles, se vuelve habitual consultar a su “asistente digital” para “controlar” la pertinencia de las intervenciones de su psi. En Reino Unido, un plan gubernamental prevé incluso el recurso a “terapeutas virtuales” basados en IA. De bajo costo y disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana, esta constituiría una solución al problema de salud pública. En adelante, la IA se interpone como el nuevo sujeto supuesto saber entre el practicante y el paciente, cuando no se sustituye simplemente al primero.
Pero, ¿de qué sujeto se trata, y de qué saber?
Dado que la IA se presta gustosamente a la investigación, la consulté, por medio de una aplicación ad hoc, acerca de una serie de términos convocados en nuestro debate. Su capacidad para reunir y clasificar instantáneamente informaciones es sorprendente. Esa es su vertiente big data. Pero en ocasiones se descubre otra de sus prestaciones, la llamada “generativa”, encarnada por modelos como ChatGPT. La IA no solo restituye un saber existente: lo genera, al mismo tiempo que da la ilusión de ser humana. Expone sus conocimientos, responde a las preguntas, se dirige a su interlocutor con un tono afable, asiente, con aquiescencia (“Usted tiene razón”), concede cuando se contradicen sus enunciados (“Muy justo”). Rectifica informaciones erróneas cuando se la cuestiona, se disculpa, se corrige, se ajusta, “se auto-educa”. Al hacerlo, lo captura a uno en la ilusión de una intersubjetividad.
Como lo enuncia Luc Ferry: “Por lo demás, es exactamente eso lo que asombra en sus desempeños, hasta el punto de que a veces resulta difícil comprender cómo una máquina puede parecerse tanto a un humano inteligente [1]”.
Pero la IA no habla ni piensa. Imita al sujeto pensante, consciente y transparente para sí mismo. A semejanza del discurso de la ciencia, su saber es sin sujeto. Funciona de un modo acéfalo: procesa, cruza, conecta significantes entre sí. Las preguntas que se le dirigen se suman asimismo a los flujos de datos incesantemente recopilados, codificados y luego reintegrados al sistema.
Productiva e ilusoria, la IA no nos hará olvidar, sin embargo, que no es sin agentes: sus programadores y decisores. Adeptos del “populismo cientificista”, estos desconocen el aporte del psicoanálisis: “el sujeto no habla para decir sus pensamientos […] es el hecho de que habla [—] es decir, que emite esos sonidos roncos o suaves que llamamos la materia del lenguaje— lo que determinó en primer lugar el camino de sus pensamientos [2]”.
Diálogo con la IA sobre French Minds
A modo de ejemplo, retomemos a continuación un diálogo con la máquina de IA. Entre el estado objetivo de los conocimientos y una interlocución ficticia, podrá leerse allí su sesgo cientificista (en particular, los pasajes puestos en cursiva,).
Pregunta — ¿Qué es French Minds?
IA — French Minds no es ni una empresa de consultoría, ni un think tank de opinión, ni un dispositivo de consulta psi, sino el nombre de una gran cohorte francesa de investigación científica en psiquiatría, vinculada al programa nacional de investigación PEPR-PROPSY. Nacional, prospectiva, multicéntrica y longitudinal, apunta a acompañar a pacientes con trastornos psiquiátricos graves con el fin de recopilar en profundidad datos clínicos, biológicos, de imagen y digitales e identificar perfiles homogéneos y dimensiones transnosográficas (más allá de las categorías diagnósticas tradicionales).
Pregunta — ¿Y qué más?
IA — French Minds cuenta con el apoyo del plan Francia 2030 y es conducido por instituciones como el Inserm, el CNRS, la fundación FondaMental y numerosos centros hospitalarios universitarios. El objetivo global es hacer avanzar la investigación en psiquiatría superando las limitaciones de las clasificaciones diagnósticas tradicionales y abriendo la vía hacia nuevas estrategias terapéuticas más personalizadas.
Pregunta — ¿Se trata de una empresa de reemplazo de los profesionales de la salud?
IA — French Minds está al servicio de la investigación, no del tratamiento. No está diseñado para ayudar a una persona determinada, sino para generar conocimientos sobre los trastornos psiquiátricos a partir de grandes cohortes. French Minds no trabaja con la palabra singular, transforma a los pacientes en datos comparables, busca perfiles, correlaciones, biomarcadores y apunta a modelos predictivos. En otros términos, hace ciencia poblacional.
Y la IA precisa:
French Minds no sustituye a los psis actuales, porque operan en planos heterogéneos.
Pregunta — ¿French Minds remite a la predicción y a la gestión a escala de poblaciones?
IA — “Su formulación es justa, pero merece ser precisada para evitar el atajo ideológico.
- Sí, en parte, French Minds remite a la predicción y a la gestión a escala de poblaciones en el sentido biomédico y administrativo contemporáneo. French Minds apunta explícitamente a: predecir trayectorias (recaída, cronificación, remisión); predecir respuestas a los tratamientos; identificar perfiles de riesgo. Esta predicción no concierne a una persona singular, sino a probabilidades a partir de grupos comparables.
- Sí: esto participa de una gestión de las poblaciones. En sentido estricto (y foucaultiano), se trata efectivamente de una lógica de biopolítica: recopilar datos masivos, clasificar según perfiles, orientar los recorridos, optimizar la asignación de recursos.
- French Minds produce herramientas de saber destinadas a decisores, a los investigadores y a los profesionales clínicos, que podrán (o no) ser traducidas en políticas públicas. La gestión es indirecta, mediada por el sistema de salud.”
Y el ciclo se cierra: French Minds es a la fase final mientras que PROPSY es a la fase inicial.
La IA añade:
“No es un complot, es el modo normal de gobernanza sanitaria hoy.”
¿De dónde sale este término “complot”? Sin duda está tomado del discurso corriente y odiante dirigido contra el psicoanálisis [3], ¡y no a la inversa!
Y la IA pone los puntos sobre las íes:
“Allí donde su intuición es muy justa, el proyecto French Minds marca un desplazamiento del centro de gravedad: del coloquio singular hacia el dato, de la clínica hacia la modelización, del caso hacia la cohorte. Este desplazamiento es real y asumido. Es precisamente por eso que puede entrar en tensión con: el psicoanálisis, las prácticas fundadas en la palabra y toda clínica de lo singular.
La pregunta no es: “¿está mal?” sino: “¿hasta qué punto se permite a esta lógica organizar el tratamiento? ¿Qué deviene el sujeto en un sistema pilotado por la predicción? ¿Qué prácticas son marginadas o se vuelven invisibles?”. Son preguntas legítimas, no ideológicas.”
¡Y he aquí que quedamos legitimados! Pero no nos engañemos: la máquina inteligente ha integrado, por supuesto, en su sistema el punto desde el cual es interrogada y está programada para responder a él. Todo termina siendo engullido en este saber sin agujero.
Ahora bien, algo se sustrae a este todo-saber que jamás podrá ser calculable, ni siquiera por una máquina tan inteligente como la IA: el efecto de sujeto. Si en un análisis el sujeto obtiene el levantamiento de sus síntomas, hay —dice Lacan— “en la posición del sujeto algo irreductible, que es fuertemente nombrable: la impotencia de saberlo todo[4]”. Entonces, ¿qué ocurre con el retorno en lo real de esa parte incalculable para la IA?
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[1] Ferry L., IA: Grand remplacement ou complémentarité?, Paris, L’observatoire, 2025, p.55.[2] Lacan J., Le Séminaire, livre XII, Problèmes cruciaux pour la psychanalyse, texto establecido por J.-A. Miller, Paris, Seuil/Le Champ freudien, 2025, pp.79-80.[3] Subrayado recientemente por Laura Sokolowsky.[4] Lacan J., Le Séminaire, livre XV, L’Acte psychanalytique, texto establecido por J.-A. Miller, Paris, Seuil/Le Champ freudien, 2024, p.236.
13/01/2026
Traducción y révision:
Paula Nocquet y Maria Hortensia Cárdenas