Fernanda Otoni Brisset
6 de junio de 2026

Es tiempo de permutación en la FAPOL.

Leer esta experiencia con la erótica del tiempo, propuesta por Jacques-Alain Miller, es una forma de decir que permutar implica algo más que una simple alternancia de funciones. Desde el instante de la invitación a asumir una función hasta el momento de concluir, atravesamos la experiencia de un tiempo animado por una excitación singular, efecto de la coalescencia entre la causa propia y la de tantos otros.

El acto de permutación es un corte que cuenta con un real irreductible: no hay relación, pero hay lazos. Eros juega su partida en un tiempo que rehace lo que deshizo[1]: cuerpos, lenguas, síntomas y modos de trabajar pasan a coexistir en lo inédito que inaugura la permuta — un presente espeso despliega una nueva dit-mension libidinal —grupos de WhatsApp, salas de Zoom, mensajes, reuniones, impasses, lecturas, escrituras, conversaciones, viajes, crisis y alegrías. Y eso dura el tiempo de un infinito corto, cuya vibración frenética impulsa el trabajo de una comunidad diversa en su hacer con Lacan en América Latina.

Cuando fui invitada por Ricardo Seldes a integrar el Bureau de la FAPOL, le pregunté qué era y qué hacía una Federación. Me respondió: “No sé bien qué es, pero puede ser un hacer juntos”. Guardé ese sintagma como una orientación libidinal precisa de la experiencia federativa. Y me doy cuenta, recién ahora, de que ese “hacer juntos”, fue la brújula de lá FAPOL para hacer existir el lazo estrecho entre las tres Escuelas – EBP, EOL y NEL – y hacer presente en ellas, así como en los doce países donde se extiende su acción, la política de la orientación lacaniana que anima a la AMP.

Me fui a dormir pensando en eso y me desperté con Freud en Más allá del principio del placer, precisamente en el pasaje en que comenta investigaciones científicas de su época sobre la inmortalidad de la sustancia viva en organismos unicelulares. Allí relata que un investigador norteamericano siguió miles de generaciones de un infusorio ciliado, conocido como animalito con pantuflas y, cada vez, aislaba el producto de cada partición en agua fresca. El resultado era sorprendente: los animalitos conservaban el vigor de sus ancestrales, sin signo ninguno de envejecimiento o degeneración.

Sin embargo, otros investigadores observaron algo distinto. Cuando se los dejaba librados a su suerte en su medio original, los infusorios se debilitaban, disminuían de tamaño, perdían parte de su organización y finalmente morían a menos que recibieran ciertas influencias renovadoras[2].

De estas investigaciones, Freud destaca dos aspectos: El primero es que esos animalitos no envejecían cuando se fusionaban dos a dos:  copular, para luego, pasado un tiempo, separarse, volviéndose, por así decirlo, rejuvenecidos. Ese efecto revitalizante no era exclusivo de la cópula, pues también se producía bajo la influencia de otros medios estimulantes: alteraciones en la composición del líquido nutritivo, aumento de la temperatura y sacudimientos.[3]

El segundo aspecto anotado por Freud permite saber que la divergencia de los resultados entre los investigadores se debía a que el científico norteamericano transfería cada nueva generación a un líquido nutritivo fresco. Cuando dejaba de hacerlo, observaba los mismos efectos de envejecimiento descritos por los demás. La hipótesis era que los organismos resultaban perjudicados por los productos metabólicos que ellos mismos eliminaban en el líquido que los rodeaba. Freud subraya entonces este detalle: los paramecios si permanecían inmersos en sus propios residuos, perecían; pero, si eran colocados en una solución saturada con los desechos de organismos lejanamente emparentados, crecían perfectamente bien.

De estas experiencias, Freud extrae que la vitalidad de cualquier cosa deriva de la conexión: con agua fresca, con otros organismos o incluso con los desechos ajenos. La inmersión en la propia sustancia debilita; lo que revitaliza es el choque de la extimidad, un advenimiento que solo puede hacerse oír desde otro lugar.

Freud considera entonces que:

“La unión de numerosas células en una sociedad vital, el carácter pluricelular de los organismos constituye un medio para la prolongación de su vida. Una célula ayuda a preservar la vida de las otras (…) la fusión temporaria de dos seres unicelulares provoca sobre ambos un efecto rejuvenecedor y de conservación de la vida rejuvenecedor.”[4]

Es la fuerza muda de Eros, el mismo de los poetas y filósofos —dirá Freud—, la que mantiene unido todo lo que está vivo.

Este pasaje me ayudó a leer lo que ocurre en la experiencia de la FAPOL. Su vitalidad reside en el hacer juntos: en la conexión entre Escuelas, ciudades, generaciones, lenguas, estilos y modos de operar con la materia sutil que juega su partida en la experiencia analítica.

En los últimos años, a ese hacer juntos le sumamos la indicación de Jacques-Alain Miller de que, para hacer avanzar el psicoanálisis, no basta con practicarlo y transmitirlo; es necesario ayudar a reinventarlo. Es decir, encontrar los medios para mantener su frescura. Eso exige cortes, desplazamientos y nuevas conexiones. En el texto de la disolución, Lacan encuentra una solución y la propone como principio de trabajo. Cruzo entonces a Lacan con Freud:

“Es preciso que yo innove [rejuvenecimiento]. No del todo solo. Que cada uno ponga allí algo de lo suyo [preciosos desechos]. Reúnanse varios, péguense el tiempo necesario para hacer algo y luego disuélvanse [copular para luego, pasado un tiempo, separarse]. De ello se deduce que esto solo durará en lo temporario.”

¡He ahí la erótica del tiempo!

De Freud a Lacan, la lógica de la permutación, tal como un principio de funcionamiento de la Escuela instaurado por Miller, es un principio de rejuvenecimiento que mantiene vivo el germen de la causa analítica: una apuesta por la influencia revitalizante del agua renovada.

Esta lectura esclarece la orientación libidinal presente en el funcionamiento de los dispositivos de la FAPOL, cuyo trabajo desemboca en los cráteres termales de las conversaciones federativas, fuente permanente de agua fresca y verdadero pulmón de la FAPOL.

En cada Observatorio, en la Red de Estudios sobre el Autismo en América Latina (REAL), en la Red de Psicoanálisis Aplicado (RPA), en la Red Universitaria Americana (RUA), en las eficientes de las revistas Cythere y Lacan XXI, y sobre todo en el gran encuentro que es el ENAPOL, analistas de las tres Escuelas se sumergen en la sustancia de la clínica para extraer de ellas un saber inédito. No faltan allí las condiciones para una experiencia revitalizante: sustancia nutritiva fresca, alta temperatura y sacudimientos.

La FAPOL es hoy, para mí, ese espacio topologico y libidinal entre Escuelas donde el camino más corto nunca es una línea recta, donde el tiempo no es lineal ni homogéneo – acelera, desacelera, se interrumpe, retroactúa y se relanza movido por el acontecimiento, el corte, la sorpresa, el punto de basta. La diversidad revitaliza. Lo múltiple se enreda al Uno heterogéneo. En la conversación entre tantos, lo inesperado cae de la experiencia — lo que falla, insiste, desborda y sorprende —  un hallazgo sutil que hace avanzar el psicoanálisis. Sobras y restos nos interesan[5]. Cazuza es milleriano — la salvación viene por los desechos.

Ese es el vigor que encontré en las aguas de la FAPOL. En ese hacer juntos, lalenguas se encuentran, entrelazan sus alas analíticas y sus patas sociales, copulan con mucho ziriguidum, dando vida a la enseñanza de Lacan y a su oferta en América Latina. ¡Hacen el amor, en verdad! Amor por la causa analítica.

Un trabajo con tal intensión y extensión es efecto de la tremenda fuerza de la vasta comunidad de trabajo que puso allí algo de lo suyo para hacer juntos algo—que solo dura en lo temporario— hasta que llegue un nuevo corte que redistribuya los cuerpos de otra manera, que vacíe aguas pasadas, irrigue el campo con agua fresca y, ¡mantenga vivo el trabajo de Escuela entre Escuelas!

Bien… me detengo aquí.

Ya llega la hora de partir… pero antes de hacerlo beberé el último sorbo de agua impura para brindar por los muchos con quienes pude compartir la alegría de este hacer juntos.

En estos dos años encontré agua fresca en los Observatorios, en las Redes de la FAPOL y en sus diversas publicaciones. Gracias a cada coordinador, editor, lector e integrante de este “hacer juntos” que tanto ha enseñado al psicoanálisis mismo. También nos dio mucho de beber el XII ENAPOL, gracias al deseo aireado de Helenice de Castro, Ana Viganó, Irene Kuperwajs, Ludmila Féres Faria, Simone Souto, Marcus André y de los cientos de colegas que aceptaron poner el cuerpo para hablar con el niño. ¡Qué encuentro, mon Dieu!

Ana Tereza Groisman, Nohemi Brown y Paola Salinas: con ustedes brindo por el sabor del remolino de las aguas cuando, en un instante oportuno, se producen virajes decisivos. ¡Navegar es preciso! Les agradezco, junto con Bruno Sena, Alice Evangelista, Kesia Ramos y Miguel Antunes, navegantes obstinados que, sin fronteras ni husos horarios, trajeron la embarcación hasta aquí.

Por último, agradezco la presencia y la confianza de Jacques-Alain Miller, en cada sonrisa;  el acompañamiento luminoso y enseñante de Ricardo Seldes, Christiane Alberti y Ève Miller-Rose, así como el entusiasmo de Flory Kruger e el apoyo esclarecido del Consejo que acaba de aprobar el nuevo Estatuto para la FAPOL. El encuentro con cada uno de ustedes, en cada estación, en los momentos de calma o de turbulencia e inestabilidad meteorológica, fue abrigo y orientación en el camino de las aguas que mueven nuestro mundo.

Fue en el curso de estas aguas corrientes donde encontré a Gabriela Camaly y Maria Hortensia Cárdenas: un Bureau tejido entre lenguas, estilos y modos de hacer distintos, pero enlazados por el deseo de llevar más lejos la experiencia federativa de la FAPOL, es decir, la experiencia del psicoanálisis de la orientacion lacaniana en tierras latinoamericanas. Un Bureau inmerso en las aguas de lo femenino que con eso supo inventar la potencia de un trabajo que concluye hoy para seguir de otro modo. Las voy a extrañar. Ahora, con la llegada de Elisa Alvarenga, la barca sigue el curso de su vertiente con fuerza renovada

Confieso que, mientras escribía este mapa de las fuentes de agua fresca que encontré en el camino, la palabra amiga, amigo se imponía a la escritura; ellos brotan del manantial del Campo Freudiano y se instalan del lado izquierdo del pecho para no permutar jamás. Ellos se suman ahora a la lista de mis amores de larga data, hoy aquí presentes, a quienes agradezco: Ana Lucía Lutterbach, Marina Recalde… y Pierre Louis Brisset: ¡una fuente que nunca se seca!

Se reúnen en la lista de mis amores, a quienes agradezco: Ana Lucia Lutterbach, Marina Recalde… son tantos… Pierre Louis Brisset: ¡una fuente que nunca se seca!

Seguimos, al fin y al cabo.

La función dura el espacio de un lapso… Eolo sopla y trae el perfume de un nuevo tiempo. Ese es el regalo que me llevo: una nueva relación con la causa analítica, una nueva lengua, nuevos amigos y una nueva vida que brota del rasgo del tiempo de esta experiencia: eso conmueve, eso agita, eso desplaza, eso cambia — Eros y tyché se enlazan— un corte abre paso a lo inesperado.

Es momento de concluir.

Y es con confianza en la fuerza de la erótica de la permutación —ese corte en el tiempo que baña el presente con la potencia de las aguas frescas de un futuro contingente— que esta presidencia se disuelve, con gran alegría, en este acto que cede la palabra a la nueva presidenta de la FAPOL, Gabriela Camaly.

Traducción: Paula Nathalie Nocquet
Révision: Marina Recalde


[1] Música “Todo sentimento” de Chico Buarque (1987)

[2] Freud, S., Más allá del principio del placer, en Obras completas, vol. XVIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1976. p.47

[3] Idem, p.47

[4] Idem p.49

[5] Música Maior abandonado de Cazuza – Barão Vermelho1984)