Christiane Alberti[1]
22 de junio de 2024

Quiero agradecer a las instancias de la Fapol, y en particular a Ricardo Seldes y Fernanda Otoni, que me hayan invitado a pronunciar hoy unas palabras en esta mañana nombrada Acto de Permutación. Este título sugiere que ustedes han querido dar todo el peso a este momento de permutación, es decir, no reducirlo a una acción administrativa, sino convertirlo en un momento importante para la Fapol.

Una permutación es, en efecto, esencial; no es sólo un acto administrativo. Una permutación es siempre un momento importante porque es la ocasión de una puesta al día y de una transmisión que no es sólo administrativa. El tiempo de la permutación nos permite entrar de lleno en la vida de la Fapol.

Mi intervención de hoy me dió la oportunidad de volver sobre el término “permutación” para captar lo que está en juego e interpretar el hecho de haberlo situado en el registro de la enunciación.

La permutación está enraizada en la estructura de la institución Fapol y, más ampliamente, en la estructura de la Escuela: funciones fijas, lugares fijos y relaciones entre estos lugares. El lugar del Bureau, el lugar del Consejo que a su vez coincide con el lugar de las escuelas, y las relaciones entre el Bureau y el Consejo, y entre el Consejo y las Escuelas. Hay una fijeza de estos lugares que le da estabilidad a una institución y le permite inscribirse en el tiempo, mantenerse a lo largo de los años. Y luego, está la historia de la institución, cómo estos lugares, a pesar de todo, pasan a formar parte de una experiencia, de una historia: en definitiva, cómo en esta estructura fija que responde a la estructura del lenguaje, introducimos lo que sucede, los acontecimientos del discurso, la experiencia, los éxitos, las crisis, los momentos de estancamiento. En suma, están los elementos de la estructura que permanecen fijos -lo que no se mueve- pero en lo que mueve el paso del tiempo, podemos distinguir etapas.

En el fondo, se trata del mismo intento de formalización que Lacan puso en marcha en relación con la cura, como señala J-A. Miller: “un intento no sólo de escribir las coordenadas permanentes, fundamentales, de la cura, sino también de formalizar lo que se dice en la cura, lo transitorio de lo que se dice, de formalizar lo que sucede y no sólo de formalizar la estructura”[2]. Esta inspiración, puesta de relieve en el Seminario 17, El reverso del psicoanálisis, ya había inspirado el Seminario 4 de Lacan.

J-A. Miller señala que la noción central que Lacan trabaja es la de la estructura con sus transformaciones, de la estructura, sí, pero con sus transformaciones.

Esto es lo que permite a J-A. Miller decir en su Curso “Donc” que, precisamente en la estructura, la transformación es una permutación. La permutación es, en este sentido, “una cierta solución estructural a la articulación de lo uno y lo múltiple; los lugares son fijos y, con la permutación de los términos, obtenemos variantes”[3].

Necesitamos articular tanto la fijeza de la institución como lo que cambia. ¿Qué permanece constante? Los lugares, las relaciones y las relaciones entre los lugares. Lo que cambia, son los términos que ocupan estos lugares. Son los sujetos que ocupan estos lugares, los que encarnan estas funciones. Digo sujetos, no digo “personas”. Porque nuestras escuelas están hechas por sujetos que son admitidos en ellas, con un suplemento que los sobrepasa. El psicoanálisis es la única disciplina que concibe la singularidad a partir de algo que va más allá del sujeto, o que le falta, que corresponde a un objeto causa que el sentido no nos permite aprehender, o no nos alcanza para aprehenderlo. Surge de la modalidad única a cada uno de la encarnación, de la incorporación del significante. Un suplemento que nos excede y que la palabra transporta, más allá de la intención de decir.

Cómo cada uno avanza en la escuela, pero también en el mundo, a partir de un acto de palabra, en lo que tiene de absolutamente singular.

Y, en la Fapol, no hay lengua común. Lo múltiple está tanto más presente cuanto que no hay lengua común. Esto da un acento aún mayor al deseo de Escuela, al deseo de dirigirse a la Escuela como una, a la Escuela una. Es un reto.

Es a la vez una experiencia y un punto de estructura. Porque no existe la lengua, hay “una lengua entre otras -como dice Lacan – no es otra cosa sino la integral de los equívocos que de su historia persisten en ella”[4]. Hay lalangue, que Lacan escribe en una sola palabra, lo que es el lenguaje para un sujeto, no separado de la palabra. Ella traduce y transporta el goce que excede al sujeto, las identificaciones, las experiencias, los sufrimientos, que han constituido esta lengua. Esto es lo que hace imposible la traducción, y la necesidad imperiosa de la traducción lo que hace incomparable el deseo de escuela.

-Es un punto que resuena con más fuerza aquí, ya que la práctica de la FAPOL, con sus observatorios y sus publicaciones, interviene en un contexto en el que las formas modernas de diálogo se caracterizan por la reducción de la función de la palabra, su olvido. La palabra se reduce a un querer, pura voluntad. Las palabras se toman al pie de la letra. La palabra se ha vuelto radical, sin matices, binaria. Nos lleva a hablar en términos concretos, contables, todo lo que se afirma como verdadero es verdadero, todo lo que se afirma como falso es falso. Es agradable o desagradable, eficaz o ineficaz, placentero o displacentero, un lenguaje sin paradojas. Esta cibernética de la palabra cala hondo en las profundidades del gusto de nuestra civilización. En efecto, es una civilización en la que el hacer y el tener priman sobre el ser, que Lacan profetizó como la época de “el ascenso al cenit social del objeto llamado por mí a minúscula”[5], una época en la que el goce ha sustituido al ideal, la caída de los ideales. Es el propio sujeto quien se convierte en objeto, como testimonian los modos cínicos e irónicos de nuestra época.

-Este contexto no puede sino encontrar al psicoanálisis en una oposición que no es ideológica sino lógica. El psicoanálisis es la única disciplina que se centra en la función del síntoma, a partir de una experiencia de palabra absolutamente única.

Por supuesto, el psicoanálisis no es el único que se opone a este positivismo contemporáneo. Pero lo que lo hace ineludible es la forma en que infiltra nuestra época. Porque el psicoanálisis ya está ahí, en el terreno, con su propio concepto de real, del que da cuenta en sus variaciones.

Por eso las publicaciones, las investigaciones y, en particular, los testimonios de Pase son una verdadera transmisión, una manera de pasar el psicoanálisis a la época, en el sentido más fuerte de la palabra. Todo el mundo puede reconocer un efecto que toca lo real. En este sentido, la Escuela se apoya en la fuerza de la enunciación, para trabajar en la avanzada de la disciplina.

El psicoanálisis conserva las posibilidades de éxito porque no pretende dominar y porque engancha el deseo por esta única vía de la enunciación que suscita la transferencia.

Traducción: Beatriz Udenio


[1] Presidenta de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), Analista Miembro de la Escuela (AME) de la École de la Cause Freudienne (ECF) y de la AMP.

[2] MILLER, J-A. La logique de la cure du Petit Hans selon Lacan. In : La cause freudienne, 2008/2, n 69, p. 97. Traducción libre.

[3] MILLER, J-A. La logique de la cure du Petit Hans selon Lacan. In: La cause freudienne. Op. Cit., p. 98. Traducción libre.

[4] LACAN, J. “El atolondradicho”, en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012. p. 512.

[5] LACAN, J.: “Radiofonía”, en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012. p. 436.