Ha llegado la hora de una nueva permutación en la FAPOL, en su órgano de conducción.

Cuando Jacques-Alain Miller hizo circular hace ya algunos años, en Brasil, el sintagma “la erótica del tiempo”, introdujo una expresión cuya fuerza permanece intacta.

Porque para el psicoanálisis el tiempo nunca fue simplemente cronológico. Nunca es solamente duración, sucesión o medida.

Vivimos en una época dominada por la aceleración.

Todo empuja hacia la inmediatez: responder rápido, concluir rápido, comprender rápido.

Incluso los algoritmos prometen hoy anticipar nuestros deseos. El deseo nunca coincide del todo con esa lógica de programación, es algo menos inmediato, más contradictorio, rodea un decir despertado en su desciframiento y en su construcción, generalmente, arduos.

El goce y la urgencia se han convertido casi en el modo normal del vínculo social.

El tiempo contemporáneo tiende cada vez más a reducirse a un tiempo de sincronización. Sin embargo, el psicoanálisis introduce otra experiencia del tiempo.

Introduce una torsión.

En el psicoanálisis hace falta el tiempo, decía Lacan.

En “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, Lacan se preguntaba por la medida del tiempo propio del inconsciente. Y para situar el problema, evocaba el reloj de Huygens y el nacimiento del “universo de la precisión”. Señalaba incluso que el malestar del hombre moderno no demostraba precisamente que esa precisión fuese un factor de liberación.

La referencia es extraordinaria y sigue siendo completamente actual.

El reloj de Huygens representa el ideal moderno de un tiempo homogéneo, calculable, sincronizable. Y el inconsciente no funciona así.

El inconsciente –dice Lacan– “pide tiempo para revelarse”. Y ese tiempo no coincide con el de los relojes, su práctica de las sesiones breves lo demuestra. Lacan lo formalizará más tarde como una pulsación temporal de apertura y cierre.

El inconsciente no está siempre allí, disponible y transparente. Se abre y se retrae.

Aparece y desaparece. Y esa temporalidad depende de la transferencia, de su erótica.

Hace un tiempo trabajé con los colegas de Brasil algunas cuestiones bajo el título “La erótica de la interpretación”. Allí encontré que no había interpretación sin una tensión entre espera y sorpresa, entre saber y contingencia. Hoy afirmo que no hay interpretación sin una erótica del tiempo. Porque una interpretación no depende solamente de lo que se dice.

Depende también del momento. Del instante oportuno. De una espera. De un silencio.

De algo contingente que irrumpe. Sabemos, además, que la transferencia misma introduce una paradoja temporal decisiva.

Freud ya había advertido que la transferencia aparece muchas veces precisamente allí donde algo del trabajo analítico encuentra una resistencia.

Hay entonces un tiempo propio del análisis que no responde ni a la programación ni al cálculo. Es un tiempo hecho de encuentros. A veces basta una palabra, un corte, un equívoco, para producir un despertar inesperado. No porque exista un saber técnico capaz de calcular perfectamente los efectos de una interpretación, sino justamente porque el análisis opera en una zona donde el saber encuentra un límite.

Coincidimos seguramente con la idea de que la interpretación introduce una sorpresa capaz de romper el aburrimiento repetitivo del Uno. La erótica del tiempo toca entonces esa dimensión de la contingencia, de la tyché, del encuentro no programado.

Y me parece que esto vale tanto para una Escuela como para una Federación.

Una institución analítica no se sostiene por reglamentos, programas o administraciones necesarias. Se sostiene por una transferencia de trabajo.

Eso implica saber hacer con el tiempo: con los tiempos de elaboración, con los tiempos de comprender, con los momentos de concluir, y también con las permutaciones.

Una permutación no es solamente un relevo administrativo.

Tiene una función lógica y también ética.

Se trata de relanzar un deseo de trabajo sin cristalizarlo en identificaciones fijas.

La Federación Americana de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana reúne tres Escuelas con historias, estilos y temporalidades diferentes.

Tal vez una Federación analítica no deba aspirar a funcionar como los relojes de Huygens porque no se trata de producir una sincronización perfecta entre las Escuelas ni de hacerlas oscilar al mismo ritmo.

Ese quizás sea el verdadero problema de una Federación analítica: cómo sostener un trabajo común sin borrar los desfases. Cómo hacer existir un lazo sin exigir homogeneidad. Cómo relanzar un deseo de trabajo preservando las diferencias.

Lo hemos visto recientemente en el trabajo realizado alrededor del último ENAPOL, todos lo recuerdan, en la renovación de las Redes y Observatorios, y también en la puesta en marcha de REAL, que abrió nuevas condiciones para la investigación y la práctica con sujetos autistas.

Fernanda Ottoni mostró además cómo una presidencia puede relanzar, con decisión y alegría, el lazo entre las Escuelas y la interfaz con el Campo Freudiano, acompañada por Gabriela Camaly, María Hortensia Cárdenas y tantos colegas que, cada vez que son convocados, hacen existir con su trabajo cotidiano esta experiencia singular que es FAPOL.

Pienso que esa experiencia nos enseñó algo muy simple y muy valioso: una institución analítica permanece viva solamente si conserva abierta cierta relación con la contingencia, con la invención y con el deseo.

Una permutación no es solamente un relevo administrativo. Tiene también una función lógica y ética. Introduce una discontinuidad necesaria para que el trabajo no quede capturado en identificaciones fijas ni en inercias institucionales.

Quizás sea eso, finalmente, la erótica del tiempo.

No el tiempo de la sincronización perfecta.

No el tiempo de la aceleración.

Sino el tiempo necesario para que una palabra encuentre sus consecuencias.

En una época dominada por la aceleración y la sincronización, el psicoanálisis continúa apostando por otra temporalidad: la de una palabra que dura.

Damos la bienvenida al nuevo Bureau de la FAPOL, a su nueva presidenta, nuestra amiga Gaby Camaly; a la querida María Hortensia Cárdenas, la vice, y a Elisa Alvarenga, quien supo estar al frente de la AMP-América durante largos años y será ahora la secretaria de la Federación.

 

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Qué decirles de Fernanda Otoni, quien deja la Presidencia de una FAPOL renovada. Soy testigo de la transformación efectiva que el Bureau ha producido en los últimos dos años.

Pero sería injusto medir esa transformación solamente por sus realizaciones. Fernanda no solo impulsó una profunda renovación institucional de la Federación; supo también imprimirle un estilo. Un estilo hecho de decisión y delicadeza, de rigor y alegría, de trabajo sostenido, de buen gusto y de una distinción que hoy reconocemos como una marca propia de la Federación.

Quienes hemos tenido el privilegio de acompañarla sabemos cuánto le debe la Federación a su deseo de autenticidad, a su generosidad y a su capacidad para hacer existir el trabajo común respetando las diferencias de cada Escuela.

Queda ahora en nuestras manos hacer fructificar lo que su deseo ha sabido poner en marcha.

Ricardo Seldes