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Imagen/Palabra/Lazo Social: Lo que el Cine enseña al Psicoanálisis

Provengo de un hogar donde se hablaba de cine y de una literatura progre de la época. El cine me ha acompañado y lo sigue haciendo de otro modo que aún no alcanzo a definir. Se sabe, a una edad nada es como antes.

Por supuesto que en mi casa paterna se trataba del cine de Hollywood y el del neorrealismo italiano.  El primero, un cine que alojó y alivianó a aquellos que pasaron la guerra en Europa. El segundo, un cine que recuerda que toda guerra es vana para los pequeños participantes, o sea la gente, ya no las naciones; deja marcas y es  una obligación recuperarlas.  Casi por casualidad, como operan los hechos significativos de la vida, me recomendaron el documental Five Come Back proyectado en la plataforma de Netflix. Fue estrenado hace un tiempo, en 2017.

Cinco directores consagrados en la industria sin chimeneas, comúnmente llamada Cine – Ford, Wyler, Capra, Huston y Stevens se dirigen, es la palabra que conviene, a Europa y  las costas del Pacífico. Sus propósitos son filmar material bélico con la única misión de levantar ánimas de los que se quedaron y de los que fueron a combatir.

Si uno no amara el cine y sus directores podría pasar por un documental más de los miles que abundan. Sin embargo este me resultó singular. En principio la voz en off de Meryl Streep, que no suele prestarse a la violeta panfletaria, resulta calma, apacigua las imágenes que en algunos casos se asemejan a los productos de Marvel pero de verdad y en  otras muestran la vida cotidiana de los soldados en el frente. Cada director adopta su punto de vista a la manera de Henry James en literatura, e imprime su propia vuelta de tuerca.

Los que dan la puntada inicial para unir estos retazos son los narradores ya no en Off, sino de cuerpo presente. Spielberg,  Coppola, del Toro, Paul Greengrass y Kasdam.  Cada uno rescata vicisitudes y consecuencias en estos patriotas que padecen de una falta que la propaganda nazi tenía aceitadísima.

La propaganda nazi fue estudiada, trabajada y manipulada con el objetivo de  reverdecer a cada instante el Volk y destacar que el único salvador era el hombre del bigotito. Nada estuvo librado al azar.

A propósito de los Cinco volví a mirar  El triunfo de la Voluntad y Olympia, de la realizadora preferida del Reich, Leni Riefenstahl. Si algo puedo decir es que sostiene una ideología clara, sin tapujos, una ¿burda?, ¿exquisita? propagadora del régimen con  planos de  jóvenes arios dispuestos a arrollar- pura fuerza- y morir por un Reich que durara mil años… Leni vivió 101 años.

Joseph Goebbels, responsable de este ¨saber hacer¨, en su Diario   enuncia minuciosamente qué debe llevarse en el Día del Partido. Rescato  entre otras nimiedades:  “corbata marrón claro, botones de chaqueta y abrigo de 24mm. En cambio, los botones de la  chaqueta del bolsillo del pantalón debían medir 18mm, los distintivos jerárquicos color dorado se repetían en la borla de la gorra.

Este color artificial que la paleta de colores no contempla, alude simbólicamente al metal que escasea, por lo tanto valioso. Es el que mejor le sentaba a esa juventud  que duró bastante más que lo deseado. Goebbels tenía muy claro eso de es la “propaganda estúpido”– aludo a un ex presidente de Estados Unidos- la que ayudó a crear una mística de acero oxidable. También es cierto que comenzaron su tarea antes que los americanos y eso les daba el ímpetu y el orgullo de los aún vencedores.

Estados Unidos entra a la contienda cuando por atrás, por el nada tranquilo Pacífico, los japoneses sorprenden- me abstengo de decir una poco elegante palabra- a la base naval de los americanos en Pearl Harbor en diciembre del 41. O sea, el 42 para ahorrar un mes. Ya habían pasado tres inviernos.

La gran diferencia entre ambas propagandas es que los footages– pietajes, fotogramas- de los americanos  muestran lo que ven, lo que ocurre. En cambio la de los germanos alude a un Nuevo Orden Ario donde el Volk es el protagonista. Los americanos defienden el Orden ya instituido y deben convencer a un pueblo que no siempre estuvo de acuerdo con inmiscuirse en asuntos que transcurren en la Vieja Europa, hasta Pearl Harbor, se entiende menuda diferencia.

En el documental es claro como cada director debía persuadir a militares, políticos, y al mismísimo Congreso de los Estados Unidos, siempre atados a los protocolos, que el rol del cine tenía bondades indubitables. A veces debieron doblegarse y no mostrar escenas que “probablemente desmoralizarían al público y a la tropa”. A ésta tenían reservada  shows con  bombas   como Marlene Dietrich  y humoristas. El más célebre sin duda fue Bob Hope. Luego vimos algo parecido en Apocalipsis Now, en otra guerra, esta vez la de Vietnam.

De los Cinco que fueron y volvieron adaptación del libro de Mark Harris, Capra  el de Qué bello es vivir!, film que como el Cascanueces podemos ver durante las Navidades  es uno de mis preferidos.

En la entrevista, cuando ya no es ese joven de abundante pelo oscuro, afirma que su vida cambió después de lo que vio así como su cine. Siempre su intención fue mostrar la vida cotidiana de los combatientes y cómo se desarrollaba la del pueblo ya no en el frente. Luego de arduos conflictos se aprobó que este ¨ítalo estadounidense patriota¨ trabajara con la Armada Británica que veía con ojos esquivos esta cosa no muy santa de lo hollywoodense en contienda. Cuando filma una evacuación en Londres afirma: La guerra perdió todos glamour para mí. Los ingleses miraban con cierto aire de superioridad estas lides del oeste californiano. No a los de su propia cosecha “of course”.

Capra también es el responsable del documental filmado en 1944 El soldado negro que tuvo sus detractores y seguidores. No han cambiado ni un ápice algunos esfuerzos. Es imprescindible darse una vuelta por este film. O dos o tres.

William Wyler el director de Ben Hur que era para más inri  judío, cuando lo nominaron al Oscar estando en el frente cuentan que dijo: Shit …m…    El Oscar que ganó lo recibió su mujer. No quería volver.

John Huston, que ya era famoso por haber dirigido El Halcón Maltés, filma en 1943 en Italia el que se considera el mejor documental sobre la Segunda Guerra: La Batalla de San Pietro.

No es mi intención nombrar los logros de todos y cada uno de los directores. Para eso Netflix. Tan sólo recordar que hubo un tiempo que no fue hermoso ni muy lindo de verdad, que este que nos hallamos atravesando tampoco lo es. Hemos conocido épocas mejores sin duda. Personalmente me resultó dolorosamente esperanzador ver este documental.


* Liz Spett es psicoanalista y escritora. Participa desde hace 17 años activamente en el ciclo Psicoanálisis<>Cine en la Escuela de la Orientación Lacaniana. Su mail es lizspett@fibertel.com.ar