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Por Elsa Maluenda

Ficción y “realidad”

En las críticas que se han publicado sobre la película y en diversas entrevistas que le hicieron a Pedro Almodóvar se insiste en el contenido autobiográfico de Dolor y gloria. La califican de íntima y reveladora.

Y, como si no fuera suficiente con lo que en ella el director ha plasmado, todos quieren saber más e indagan acerca de lo que es ficción y lo que no lo es. ¿Le dijo a su madre que él no fue el hijo que ella esperaba? ¿Fue adicto a la heroína? ¿Vivió en una cueva en su infancia? ¿Por qué ambientó la película en un pueblo llamado Paterna y no en La Mancha y Extremadura?

Preguntas a las que Almodóvar ha respondido, pero ¿importa acaso? Dolor y gloria es una ficción, que cómo cualquier ficción producida por un autor, y Almodóvar lo es, tiene pinceladas de realidad, pero la realidad desde Freud es realidad psíquica y con Lacan está mediatizada por el fantasma, ese marco que nos comunica y separa de lo real del mundo.

Almodóvar lo dice así: “Es una suma de experiencias y el personaje de Antonio Banderas, al igual que los de Asier Etxeandia y Leonardo Sbaraglia, reproducen situaciones que han tenido que ver conmigo, pero que no llevan detrás nombre y apellidos. Son un poco personajes Frankenstein, seres creados a partir de otros y el resultado de haber cogido de aquí y de allá; cosas que me han ocurrido, que he oído o que estaba presente cuando pasaron”. Y agrega: “La ficción tiene unas reglas que fagocitan el origen. Lo que busco es la verosimilitud cinematográfica que no siempre se corresponde con la realidad”.

El cuerpo

La primera imagen nos muestra la cicatriz que surca el tórax del protagonista, marca de una herida que lo atraviesa de norte a sur, él está sumergido en una piscina y desde allí recuerda como cantaban su madre y otras mujeres del pueblo mientras lavaban la ropa en el río. “A la vera del río, a la verita tuya…” y vemos a Salvador niño a la vera del río y de su madre.

El cuerpo de Salvador adulto es la sede del dolor que lo inhabilita para crear, vive recluido en su casa, a veces a oscuras cuando los dolores de cabeza lo invaden.

También padece dolores lumbares, tendinitis, zumbidos en los oídos, reflujo gástrico, sibilancias, una dificultad para tragar, producida por un bulto que le presiona el esófago y le produce ahogos y lo que denomina dolores del alma, a saber: pánico, ansiedad y depresión. Esta lista es enumerada mediante una animación del artista plástico Juan Gatti con el objetivo, dijo Almodóvar, de brindar la información de manera rápida y para no transformar la película en un quejido. Y de paso pondrá en boca de Salvador una toma de posición, irónica por cierto, con respecto a la relación con Dios y con la fe: “Si padezco un dolor soy ateo, si coinciden dos, creo en Dios y le rezo”. Posición que se capta ya en la infancia, cuando en el colegio religioso, única posibilidad para un niño pobre de acceder al estudio, le anuncian que será becado para ir al Seminario, dirá que él no quiere ser cura. Ese niño que coleccionaba fotos de actores de Hollywood ya había optado por el cine, ese por el que se pregunta en la escena final. “¿Habrá cine en Paterna?” Y al que recuerda en estos términos: “El cine de mi infancia huele a pis, a jazmín y a brisa de verano”.

Contra los dolores Salvador consume gran cantidad de medicamentos que no parecen surtir efecto hasta que el reencuentro con el actor que protagonizó su primera película lo inicia en el mundo de la heroína.

Esta adicción, que abandonará hacia el final del film, será el motor que lo llevará a escribir un monólogo teatral titulado La adicción donde evoca una relación amorosa que vivió en los años 80 con Federico (Marcelo en la obra de teatro). “Yo creía que la fuerza de mi amor vencería su adicción, si Marcelo se salvó fue lejos de mí, a mí el cine me salvó. El amor no basta para salvar a la persona que amas”.

Reencuentros con Sabor

La invitación de la cinemateca para asistir a la proyección de su primera película titulada Sabor, estrenada 32 años atrás lo lleva a buscar a Alberto, quien la protagonizó, para saldar viejos rencores.

Salvador comenzará a consumir heroína con Alberto, pero lo más importante es que ambos vuelven a poner en acto sus deseos, Salvador escribe el monologo que Alberto encarnará en el teatro y será el puente para otro reencuentro, con Federico que asiste a la obra y que se reconoce en cada palabra pronunciada por el actor. Cuando Federico visita a Salvador seremos testigos de la ternura que ha sedimentado en estos hombres como producto de aquella pasión. Cada uno encontró una salida para aquellos excesos, Federico regresó a su país de origen: Argentina, porque no era por aquellos años una ruta del tráfico de heroína y Salvador se consagró como director de cine.

No sabremos a que Sabor alude el título de la película revisitada pero la película que vemos está teñida por el sabor de la tristeza, una tristeza que no se emparenta con la nostalgia ni con la melancolía, sino con la aceptación de que la tristeza es parte de la vida, porque en toda vida hay duelos y pérdidas, pero también redenciones. Y aquí evoco el disco que compiló Almodóvar en 2002 cuando se estrenó su película Hable con ella. Me refiero a Viva la tristeza que no es la banda sonora de aquella película, sino que reúne las canciones que Almodóvar escuchaba durante el proceso de escritura del guión. Ahora pienso que parafrasea aquel tristemente célebre “Viva la muerte, abajo la inteligencia” proferido por el general franquista José Millán Astray en 1936 contra el escritor Miguel de Unamuno. Pero Viva la tristeza tiene su equivocidad, más allá de su significado más obvio, de adhesión, exaltación u homenaje podemos leer que vivir la tristeza es concederle un espacio, sin rechazarla, para vivirla como vivimos los momentos de felicidad.

La madre y las mujeres

En casi toda la filmografía de Almodóvar tienen un lugar preponderante, basta con recordar: Mujeres al borde de un ataque de nerviosTodo sobre mi madreVolverPepi, Luci, Bom y otras chicas del montón o Tacones lejanos.

En Dolor y gloria nos encontramos con la madre de Salvador niño y con la madre de Salvador adulto. La primera es vital y deseante, la vemos cantar a la vera del río, transformar la cueva donde viven en un hogar luminoso, bregar para que Salvador estudie, y lo único que parece no comprender es la afición de este por el cine. La segunda a punto de morir, no ha perdido un ápice de su entereza y es capaz de dar las instrucciones para su funeral y de recriminar a Salvador por el uso que ha hecho en sus películas de la autoficción. Ella quiere morir en su pueblo, cerca de las vecinas, pero no será posible. En esa escena que funciona como una emotiva despedida Salvador le dice: “Me he formado contigo y con las vecinas” poniendo de manifiesto su deuda y su gratitud hacia ellas. Y también: “Siento mucho no haber sido el hijo que tu deseabas”. En una entrevista Almodóvar cuenta que esta secuencia no estaba en el guión original y que la escribió la noche anterior al rodaje. Para él es la puesta en escena de la mirada de extrañeza que en la infancia le venía de los otros. Esa mirada que pudo transformar en causa de deseo para construir una obra.

La escritura del primer deseo

Salvador niño, incentivado por su madre, que le propone a Eduardo un joven albañil el canje de su trabajo por clases de lecto-escritura, se convierte en maestro. El joven tiene talento para dibujar pero es analfabeto. Ante su temor a no poder aprender Salvador le dice que “escribir es dibujar con letras” y se ocupará de guiar su mano para que lo consiga. Entre ellos nace una intimidad que quedará plasmada en un dibujo que Eduardo realiza sobre una bolsa de cal, allí retrata a Salvador, sentado leyendo un libro, en esa cueva luminosa. Y Eduardo será quien despierte en Salvador el primer deseo, un deseo que irrumpe cuando Eduardo se desnuda para lavarse luego de concluir su trabajo en la cueva. Salvador lo observa arrobado, se desmaya y será presa de la fiebre, que su madre y Eduardo atribuyen a que estuvo leyendo bajo el sol.

Este encuentro con el goce y con la elección de objeto se inscribe como un acontecimiento de cuerpo. Cuando Salvador adulto, que había dejado de escribir porque no podía rodar debido a todos los padecimientos que enumeramos antes, recuerda esta escena y además encuentra expuesto en una galería de arte aquel dibujo que hizo Eduardo de él, comienza a escribir un guión al que titula El primer deseo. Cuando su asistente le pregunta si quiere buscar a Eduardo, Salvador responde que “Lo importante es que el dibujo ha llegado a su destinatario” y ha llegado para sacarlo de su parálisis y para que su mano, sus manos dibujen mediante el teclado en la pantalla de la computadora esas letras destinadas a convertirse en imágenes cinematográficas, porque filmar también es dibujar, dibujar con la luz.

Dolor y gloria

Es muy claro que el dolor está presente en la película, pero me pregunto ¿por qué eligió como segundo término de esta conjunción a la palabra gloria? ¿Acaso no hay gloria sin dolor? Suena muy religioso para un ateo confeso como Almodóvar. Es más, una de las acepciones del Diccionario de la Real Academia Española es: “En la doctrina cristiana, estado de los bienaventurados en el cielo, definido por la contemplación de Dios”.

Otra acepción se refiere a la “Reputación, fama y honor extraordinarios que resultan de las buenas acciones y grandes cualidades de una persona”. Y la que elijo porque me gusta y me parece acorde para un artista dice así: “En el teatro, cada una de las veces que se alza el telón para que intérpretes y autores reciban el aplauso del público”. Entonces, habrá que pasar por algún dolor, no necesariamente tan intenso como los padecidos por Salvador, para recibir ese premio del aplauso y el reconocimiento del público.

Aunque más no sea esa inquietud de no saber cuál será el resultado de aquello que se escribe, hacia donde se dirigirá el texto. Como dice Salvador cuando le preguntan “¿Es comedia o drama?”. “Eso nunca se sabe”. Respuesta que se puede hacer extensiva a la vida misma.

Los caminos del amor, del deseo y el goce

Tres caminos divergentes, que no se recubren y que en la película podemos distinguir con claridad: el amor no salva al partenaire del goce mortífero con una sustancia y también el amor de y por la madre, y el amor al cine. El deseo que emerge a pesar del dolor y el goce ignorado que se revela como acontecimiento de cuerpo. Y cada una de estas dimensiones funcionan podríamos conjeturar porque hubo función paterna. Y Paterna es el nombre del pueblo elegido para ambientar la trama de la infancia de Salvador, ese pueblo al que se dirigen en la última escena de la película, ese pueblo donde no sabremos si habrá una sala de cine, pero donde la madre espera encontrar una casa. Esa casa a la que de algún modo siempre se vuelve y que representa como canta Chavela Vargas “la alegría de un barco volviendo”.

Elsa Maluenda es Psicoanalista Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana.

FICHA TECNICA DOLOR Y GLORIA (2019)
Director, Guionista: Pedro Almodóvar.
Duración 1h. 53 min.
El film puede verse en la plataforma de HBO

Reparto: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, Julieta Serrano, Nora Navas, Asier Flores, César Vicente, Raúl Arévalo, Neus Alborch, Cecilia Roth, Pedro Casablanc, Susi Sánchez, Eva Martín, Julián López, Rosalía, Francisca Horcajo
Productora