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Argumento

El próximo Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana (ENAPOL) nos propone un tema fundamentalmente clínico articulado a una dimensión temporal que abre al menos cuatro grandes vías de investigación.

1 – La primera se desprende de las preguntas: ¿Qué es lo que lleva a un sujeto a buscar un analista en los tiempos que corren? ¿Cómo se inician los análisis hoy?

Lacan afirmaba que “al comienzo del psicoanálisis está la transferencia. (…) Está en el inicio. Pero, ¿qué es?”[1]. Este fundamento introduce el tiempo como una variable insoslayable para dar cuenta de la experiencia analítica. No obstante, también es una invitación a pensar qué y cómo se instala hoy en día ese misterioso amor llamado transferencia, cuando la época tiende a la desvalorización del saber, favorece la “autogestión”, promueve la liquidez de los lazos amorosos y empuja a la “autopercepción”, última versión de la negación del inconsciente.

J.-A. Miller afirma que en la era de Freud “el psicoanálisis tenía tíos y tías, primas y ancestros de todo tipo, nietos, y ahora está viudo, huérfano…”[2]. La actual soledad del psicoanálisis es también una oportunidad para demostrar su diferencia radical con otros discursos.

Nuestro próximo Encuentro nos permitirá exponer cómo aquello que llamamos “orientación por lo real” está presente desde la primera consulta; incluso cuando ésta se encuentra con los desbordes y los excesos propios de las disrupciones de goce.  En este punto, si éstas no se transforman en una pregunta esencial para el ser hablante, ¿abrirían per se a una experiencia de análisis?

 

Lacan decía que “solo el discurso analítico es una excepción”, y que “… no tiene nada de universal”[3].

El psicoanálisis excluye la dominación y no persigue la norma. Transmitir esto en el diálogo con el Otro social es una manera de habilitar que el sujeto contemporáneo y sus nuevos modos de presentación sintomática encuentren un espacio propicio para alojarse. Aquí se asienta una incidencia fundamental del psicoanalista en la cultura, uno por uno. Tal como lo planteaba Lacan en Lovaina: “… algo que se establece del analizante al analista es la célula inicial de algo que debe ir mucho más allá, que irá o no irá, pero si lo hace, esta posición del analista tendrá un lugar esencial en el mundo del malestar en la civilización”[4].

Este ENAPOL, entonces, será la ocasión para decir aquello que hacemos y cómo lo hacemos, desde el primer encuentro con un sujeto que consulta, y también, para explorar las nuevas modalidades de presentación clínica que circulan por la época.

2 – La segunda vía de investigación se apoya en la siguiente la pregunta: ¿Cuándo empieza un análisis?

Hablar de entrada en análisis implica ubicar el momento y los índices de una transformación que separa un antes y un después. Allí se instituye el cruce de dos tiempos lógicos diferentes: el momento de concluir las entrevistas preliminares, y el instante de ver que connota la implicación subjetiva y que coincide con la apertura del tiempo de comprender.

Este cruce temporal, instalado a partir del acto analítico que sanciona la entrada, ya ofrece una posible lectura de las marcas de goce fundantes, y contiene significativas coordenadas del caso que hallarán esclarecimiento durante el análisis. Por esta razón, sostenemos que la clínica del fin de análisis orienta las entrevistas preliminares.

También, sabemos que el psicoanálisis puro tiene con el aplicado una relación moebiana, son dos caras de una misma banda. Siguiendo esta lógica, nos proponemos explorar qué puede hacer un analista cuando es convocado con un límite horario. O cómo puede actuar en dispositivos variables tales  como escuelas, hospitales; en aquellos lugares donde se presentan demandas de urgencia y donde unos pocos encuentros, cuando no uno solo, será la única oportunidad para que aquel que necesita ser atendido en su padecimiento obtenga una respuesta diferente de la que ofrece el mercado terapéutico.

¿Cómo operar psicoanalíticamente allí, en un lapso tan breve y con condiciones desfavorables para el discurso analítico, de manera tal que la puerta quede abierta hacia un “empezar”?

3 – La tercera vía de investigación que nos abre el XI ENAPOL se vincula con la pregunta ¿En qué cambió la clínica del comienzo de análisis en los últimos años?

Tradicionalmente hemos pensado la entrada en análisis como “un golpe asestado al fantasma fundamental”[5], que le quitaba consistencia a la seguridad que el sujeto obtenía de él. De allí se derivaba la lógica para las entrevistas preliminares. Esa lógica era solidaria de una época con un Otro aún estable, del cual el prestigio del psicoanalista era subsidiario en el momento de la primera consulta. Sin embargo, en la actualidad no siempre podemos contar con estas condiciones.

A su vez, la formación de los analistas también ha tenido variaciones. Desde que nos dedicamos a estudiar la última enseñanza de Lacan, gracias a la elucidación que J.-A. Miller hace de ella, entendemos que el inicio de una experiencia de análisis podría hacer legible cómo lalengua escribe en el cuerpo la letra del encuentro traumático con un goce desconocido, las marcas del trauma, la fijación de goce, el malentendido fundamental. Tener en perspectiva estas formas de la opacidad de sentido, vuelven acto la orientación por lo real desde el principio del análisis, singulariza la escucha analítica y la diferencia de otras terapéuticas.

¿De qué modo estos cambios en las condiciones de nuestra práctica afectaron los comienzos de los análisis? ¿Cómo se posiciona un analista en el primer encuentro con sujetos cada vez más reactivos al inconsciente y más perturbados por el goce del cuerpo? ¿Qué incidencia ha tenido la popularización de las consultas virtuales y la tecnología en la decisión de consultar por primera vez a un analista? ¿Cómo precisar el uso que hacemos de la categoría Psicosis Ordinaria en las instancias diagnósticas?

Estas son algunas de las preguntas que nos invitan a poner nuestra clínica a la altura de la civilización y, también, de la última enseñanza de Lacan.

4 – Por último, el título que nos orienta es un llamado a los practicantes: ¡Empezar a analizarse!

Es una invitación a mantener viva y dar cuenta de la posición analizante que se espera de quienes encarnan el discurso psicoanalítico día a día. Se trata de una propuesta ante ciertos dilemas políticos del psicoanálisis, a la vez que podría orientar la respuesta frente a los impases de la formación, las encrucijadas éticas y los desafíos de la clínica contemporánea.

Seguimos a Lacan en el Seminario 24: “El que sabe, en el análisis, es el analizante”[6]. ¿Cómo consiente el practicante a esta condición de la práctica analítica en las primeras consultas? ¿cómo puede este practicante dar el paso lógico hacia la “ruptura con su anclaje en la suposición”[7] para permitir que el saber del analizante se despliegue?

Esta cuarta vía nos implica especialmente porque va más allá de las preguntas que nos plantea nuestra práctica, la época, o el estudio de los textos. Ella se dirige directamente a la relación que cada practicante tiene con el psicoanálisis mismo.

Así, finalmente, las vías de investigación que se abren para nuestro próximo Encuentro Americano terminan produciendo una torción que nos involucra e interpela. El XI ENAPOL abre la puerta a esta cuestión ética fundamental: ¡empezar a analizarse!

¡Los esperamos!

Jorge Assef
Presidente XI ENAPOL

María Cristina Giraldo (NEL)
Sergio Cordeiro de Mattos (EBP)
Oscar Zack (EOL)
Comisión Científica XI ENAPOL

 

Ejes temáticos 

  • Hoy ¿”al comienzo está la transferencia”? y si no ¿entonces cómo?
  • De la demanda a la entrada en análisis: sus impases, el goce, el Uno, formalizaciones posibles.
  • Modos de presentación de las consultas actuales: identidades, virtualidades, síntomas y carácter.
  • ¿En qué se demuestra, desde las primeras entrevistas, que el psicoanálisis no es una terapéutica como las demás?
  • Las soluciones singulares y ¿qué lugar para el diagnóstico diferencial?
  • Acto analítico e interpretación al inicio, ¿Perturbar la defensa, aún?
  • Primeras entrevistas en diferentes dispositivos de atención.
  • La formación del analista y la relación con su inconsciente.

[1]Lacan, J., “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 265.

[2]Miller, J.-A., “Psicoanálisis y conexiones”, Mediodicho, N° 34, EOL-Sección Córdoba, Córdoba, 2008, p. 12.

[3]Lacan, J., ¡Lacan por Vincennes!, Revista Lacaniana de Psicoanálisis, N°11, Escuela de la Orientación Lacaniana, Buenos Aires, Grama, 2011, p. 7.

[4]Lacan, J.: “Conferencia en Lovaina”, Revista Quarto, N°3, 1981. Comentario de Manuel Montalbán al respecto de ese texto disponible: https://www.redicf.net/conferencia-de-lovaina-de-jacques-lacan-parte-1a/

[5]Miller, J.-A., “C.S.T. Clinique-Sous-Transfert”, La Conversación Clínica, UFORCA, Buenos Aires, Grama, 2020, p. 23.

[6] Lacan, J. “Hacia un significante nuevo” (10 de Mayo de 1977), Revista Lacaniana de Psicoanálisis, N°27, Buenos Aires, Grama, 2019, p.15.

[7] Laurent, E., “Tratamiento psicoanalítico de la psicosis e igualdad de las consistencias”, La conversación clínica, UFORCA, Buenos Aires, Grama, 2020, p. 43.