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Noche preparatoria para la X Enapol

Seminario Latino de Paris – 26 de mayo 2021

Nayahra Reis

Cuando Sofia Guaraguara me invitó para para participar en esta actividad sobre el tema «Amor y Exilio » en articulación con el tema de la Enapol  “El nuevo amor”, confieso haber tenido dificultad.

Después, pensé en todos los participantes del Seminario Latino aquí presentes, todos exiliados, llegados de diversos países de América del Sur, y entonces pensé : cuando dejamos nuestro país, ya sea por una decisión forzada o de manera voluntaria, nos separamos inmediatamente de nuestra lengua materna. Ésta, podemos entenderla de dos formas : como la primera lengua que aprendemos, la lengua de nuestro país de origen, con toda la sonoridad y musicalidad que engloba, pero también en el sentido de lalengua, como Lacan escribió para  “para designar la relación de cada uno con su lalengua dicha materna”1.

La lalengua es el lenguaje, incluso si este “es una elucubración sobre la lalengua”2. Verdad es que la lalengua es una lengua transmitida por el Otro en este sentido, extima, mas ella también es la lengua creada por cada ser hablante. Es su lengua privada, íntima, familiar, singular, constituida por los significantes que marcaron su vida y que lo alienan para siempre al discurso del Otro. La lalengua debe ser entendida como una letra, una escritura de goce que marca cada a cada serhablante (parlêtre) en la articulación entre el significante y el cuerpo, y que determina su síntoma, marca indeleble del lenguaje, desde el nacimiento.

Dicho esto, y basándome en dos hipótesis de Marie-Hélène Brousse, – donde en la primera ella avanza que “en el campo psicoanalítico el exilio es un nombre dado a nuestra relación con el lenguaje y la lalengua”3, y en la segunda, ella apunta una paradoja : “no hay exilio del lenguaje porque no existe otra cosa más allá del lenguaje para construir la estructura del discurso y del lazo social, mas al mismo tiempo, todos somos exiliados en el lenguaje”4 -, ¿cómo pensar los análisis que acontecen en lengua extranjera? Entre nosotros, algunos escogieron hacer su análisis en francés, lo que los torna doblemente exiliados (del país y de la lengua), en cuanto otros, lo hacen en su lengua materna. ¿Qué es lo que una cura analítica nos puede decir al respecto? ¿Cuáles son los efectos de la separación con la lengua materna en un análisis?

Según Serge Cottet, en un artículo llamado “Elogio del análisis en lengua extranjera”, el analizante inmigrante, doblemente exiliado, “es exiliado de sus raíces, con la nostalgia del objeto perdido, pero él también es privado de ese plus de goce que es el tesoro de los significantes que la lengua materna le asegura. Es como una primera castración lingüística, afirma Cottet, ya que el anudamiento al goce del decir fue roto y por esta razón, lo íntimo cuando es dicho en la lengua extranjera, deviene extimo5.

La extracción de la lengua materna  y el pasaje de una lengua a otra, – aquí es una idea que tengo – precipita el sentimiento de extrañamiento de sí mismo, y nos reenvía de manera flagrante a nuestra extrañeza familiar (lo ominoso), tal como Freud lo nombra, haciendo de cada uno de nosotros, un exiliado. ¿ Pero qué decir de un análisis realizado en su propia lengua materna? Yo diría que en ella también encontramos parte de la Alteridad que habita en cada sujeto. Así, el encuentro con la exterioridad íntima, con la parte de la alteridad que nos es extranjera y que nos escapa, está presente en la estructura de la cura analítica. El exilio connota así, como destacó M-H Brousse, una posición subjetiva en este sentido, “es raro que en un momento determinado de su trayectoria analítica, un sujeto que dejó todo, no tenga el sentimiento de ser un exiliado”6.

¿Pero qué acontece en este momento de análisis cuando el serhablante (parlêtre) experimenta este sentimiento de ser un exiliado, cuando se confronta con la alteridad de sí mismo? Siguiendo la idea de Anaëlle Lebovits-Quenehen de que “el odio contra sí mismo sería una consecuencia de una cierta relación a la Alteridad, bajo la forma de un rechazo de lo que es al mismo tiempo extraño e íntimo en sí”7, yo propongo, a partir de una observación clínica, que algunos sujetos pueden testimoniar de una relación de odioamoramiento de su lengua o su país, cuando por las caídas de las identificaciones, ellos se encuentran con una decisión forzada de separarse de todo lo que les era familiar y que les traía satisfacción a pesar del sufrimiento y vergüenza traídos por sus síntomas. Un odio de sí mismo puede entonces surgir cuando el serhablante (parlêtre), asumiendo “la responsabilidad de su posición de sujeto”, percibe que la enunciación de su deseo se encuentra aniquilada debido justamente a su alienación al discurso del Otro y acaba enojándose de su dificultad para separarse de eso.

Concluyendo, si el amor a la lengua puede presentar una resistencia a la separación con lo íntimo, el amor de transferencia es justamente el motor que posibilita al serhablante (parlêtre) de soportar la experiencia extima que es un análisis. Así, un análisis puede llevar al serhablante (parlêtre) a apaciguar algunos efectos desestabilizantes ligados a los efectos de la lalengua, ayudándolo así a encontrar nuevas soluciones sintomáticas, en cualquier lengua, ya que el inconsciente es translingüístico, con la condición de no dejarse engañar, pues de la lalengua, nunca nos exiliamos.


[1] Lacan J., Le Séminaire XX : Encore (1972-73), Éditions du Seuil, version poche, 1975, p.175.

2 Ibid.

3 Brousse M-H., « Trauma et exil, le côté des femmes », Exils, regards psychanalytiques, Association Genevoise des Psychologues, 2019, p.32.

4 Cf. Brousse M-H., « L’exil et la guerre », Exils, regards psychanalytiques, 2019, p.93.

5 COTTET S., « Éloge de l’analyse en langue étrangère », L’information Psychiatrique, 2007, vol.83, p.761.

6 Brousse M-H., Trauma et exil, op.cit., p.31

7 Cf. Lebovits-Quenhehen A., Actualité de la haine, Navarin Éditeur, 2020, pp. 94-100.