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Noche preparatoria para la X Enapol

Seminario Latino de Paris – 26/05/2021

Flavia Hofstetter

En una de las primeras escenas vemos a un hombre y a una mujer en pareja. Se quieren, se desean, conversan mucho, se divierten.

Laurence es poeta y profesor de literatura. Dato a tener en cuenta, a caso el ser poeta no nos permite intuir que algo en él está por fuera de la norme-mâle?

Una de las escenas siguientes contrasta con la alegría de este comienzo. Laurence tiene que hablarle a su novia, llamada Fred, es un asunto de vida o muerte, “Si no te lo digo moriré” le dice.

Nunca sabremos qué le dijo exactamente. Esa escena no es para nosotros.

Pero sabremos los efectos de ese dicho, pues nos encontramos al día siguiente con una Fred devastada, le grita “Por qué no me dijiste que eras homosexual?!!”

Laurence le contesta : “ No soy homosexual! No es que me gusten los hombres, es que no estoy hecho para ser un hombre, y eso es diferente! ”

Efectivamente Laurence quiere transformarse en mujer. El sufrimiento no esta ligado a la elección de objeto sexual pero concierne otra cuestión: la de su identificación al género. Conviene aquí aclarar que nada tiene que ver la identificación a un género con la elección de objeto sexual.

Laurence agrega “ Esto, – y le muestra los bíceps – no soy yo, y esto – y se toca el pene – tampoco, me da asco. Hace 35 años que vivo así y es un crimen. Le robo la vida a aquella que nací para ser”. Ella reacciona “Entonces todo lo que me gusta de ti es aquello que odias de ti?!” y él ofendido le pregunta “Eso es todo lo que te gusta de mi?!”

Este dialogo es de una lógica rigurosa. Por un lado Laurence, que no quiere separarse de Fred. Qué él sea hombre o se vuelva mujer, su amor y su deseo hacia su novia no cambian. Su dilema tiene que ver con él mismo. Volverse mujer es exiliarse de su ser de hombre, si consideramos que ser hombre desde el género tiene que ver con identificaciones imaginarias y simbólicas, tal como lo propone Marie-Hélène Brousse en su nuevo libro[1]. Pero el exilio puede ser leído de otra manera… Exilio es lo que ha vivido Laurence toda su vida, si tenemos en cuenta, como lo subraya Christiane Alberti “(que) el exilio se padece siempre como un dolor de existir, un desgarro fuera del lugar del Otro, y fuera de sí.”[2] Es transicionando hacia un cuerpo de mujer, viajando a ese otro lugar, que Laurence se reencontrará con su ser y se verá relanzado al hilo de la vida.

Por otro lado tenemos a Fred, que nos muestra como deseo y amor no coinciden.

Podrá desearlo si él se vuelve mujer? Vemos que esto la destruye, se separa de él, no sin que él antes le pregunte “Pero qué quieres Fred, quieres una casa, quieres un hijo, yo te puedo dar todo eso!” Cada uno conoce a otra pareja de la cual ninguno se enamora. Ella se vuelve madre. Pasan los años.

Laurence y Fred vuelven a encontrarse 5 años después, cuando Laurence ya es una mujer. El amor sigue intacto. El deseo para ella también sigue intacto. Pero hay que saber que Laurence llega vestida de hombre, “Por qué viniste así Laurence, por qué no viniste normal, vestido de mujer?” Él le contesta :”Vine así para gustarte”. Está claro, la condición de ella para desearlo es que Laurence sea un hombre, pero no es su condición de amor. Esto nos acerca a lo que nos dice Lacan en el seminario XVIII “Para el muchacho, se trata en la adultez de hacer de hombre. (…) Uno de los correlatos esenciales de este hacer de hombre es dar signos a la muchacha de que se lo es. Para decirlo todo, estamos ubicados de entrada en la dimensión del semblante.[3]

Aunque podríamos suponer que después de estos años de separación en que sufrieron de la lejanía, Fred estaría dispuesta a aceptar este amor con una mujer, siempre y cuando el órgano sexual esté. Fred soportaría la ablación del sexo de Laurence? Y es allí donde radica un imposible: ella no deja nunca de amarlo, pero lo deseará si no conserva su pene? Y a Laurence por su lado, si bien le gusta ser amada por Fred, también le gusta ser mirado como una mujer.

La historia es narrada en un lapso de 9 años, de 1990 a 1999, vísperas del 2000, elección no casual para el director, Xavier Dolan. Cuando una periodista le pregunta a Laurence “Estamos por empezar un nuevo milenio, cómo ves las cosas?” él le contesta “El salto al vacío yo ya lo di, ahora pienso en los jóvenes, en lo que se prepara para ellos, yo ya estoy out, y decidí bajar la cuesta en la piel de una mujer.” Efectivamente, 2021, nos encontramos con nuevos debates, la sociedad se ha transformado y junto con ella la tecnología, la ciencia y las leyes, a una rapidez que dejan a los años 90 en un lugar muy remoto.


[1] Cf. Brousse M.-H., Mode de jouir au féminin, Paris, Navarin, 2020, p. 30.

[2] Alberti C., « L’exil et l’identification », Exils, regards psychanalytiques, Association Genevoise des Psychologues, 2019, p.56. La traducción al castellano es mía.

[3] Lacan J., Seminario XVIII, De un discurso que no fuera de semblante, Buenos Aires, Paidós, 2009, p. 31.