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Por Claudia Lázaro

Es una práctica extendida que se escuche la palabra del niño para saber su posición respecto a distintos problemas que lo involucran. Así, tanto en la familia como en ámbitos institucionales, los niños son interrogados por asuntos decisivos para su presente y futuro. Como sujetos de pleno derecho que son, sus posiciones, deben cuestionarse para que durante este proceso no se confundan los niveles del discurso y se tome una demanda por un deseo.

Tal es el caso de Víctor, un niño de siete años que fue convocado por el juez de familia ya que se encuentra viviendo en un hogar de abrigo desde hace tres años junto con cuatro de sus hermanas. El juez, previendo la dificultad de que pueda aparecer una familia adoptiva para los cinco niños, les preguntó a cada uno -por separado- como quisieran ser adoptados, con cual de sus hermanos elegirían irse en caso de que se presente una familia.

Los niños fueron eligiendo según sus afinidades, pero también empujados por la urgencia y la precipitación de la entrevista.

Durante sus sesiones Víctor habla de que no quiere ser adoptado, “no quiero una mamá nueva”. Está inquieto desde que recibió la visita de un amigo que se fue del hogar con su nueva familia. Piensa en sus padres y llega a decir: “es raro que tus padres no te puedan tener”. Arma una historia, hecha de los retazos de lo que le han dicho en el hogar y en los servicios de protección de niños: sus padres se separaron, se enfermaron y no lo pueden cuidar. No está tranquilo, se porta muy mal en el hogar y en las sesiones afirma que “no quiere irse del hogar”. No tomo al pie de la letra su decir: se trata de las escansiones a las que el niño va arribando. Considero que es un decir con dos ejes: una protesta a sus padres por el abandono, y a la vez un rechazo a traicionarlos con una nueva familia. Por otro lado, pensar en una “nueva familia o una nueva mamá “, sin conocerlas, sin encarnación, una familia sin rostro, puede ser un tormento para un niño que aguarda una modificación que reconoce como trascendental para su destino.

En otro orden de temas, pero con consecuencias jurídicas importantes que rozan la identidad, Jean Claude Maleval considera que las palabras de los niños que afirman su disconformidad con su sexo anatómico, deben ser tomadas con prudencia e interrogadas en profundidad. La demanda de ser un niño de otro sexo puede tener múltiples motivaciones, puede ser un momento de concluir que luego se desplaza y produce otra significación. Por ejemplo, en la adolescencia puede decantarse a una elección homosexual que no implique necesariamente cambio de sexo.

Lo que los niños pueden decir – igual que los adultos, por otro lado- es variable, tiene la marca de la verdad dicha a medias, no puede ser de otro modo. Y no por impotencia, sino porque es imposible decir el deseo, que sólo sabe circular por nuestros dichos.. Del decir, como enseña Lacan, hay que tomarse el trabajo de sacar consecuencias. La verdad tiene su base en lo falso que quiere denunciar, no es “una”. “Un decir no es verdadero”…,sino en cuanto “pone límite al alcance de la verdad” (2)

Sólo el modo de gozar es fijo, pero el sujeto no lo sabe si no es por medio de un análisis. El derecho reivindica las voces de los niños para participar en la definición de su destino: así debe ser. Sin embargo, el destinatario de esas demandas debe conocer que hay momentos de ver, de comprender y de concluir: estos deben reconocerse para no confundirlos y tomar pequeñas escansiones por puntos finales. Además la demanda es siempre demanda de amor, por lo tanto, el sujeto se enreda con el Otro. al que desafía, engaña, pone a prueba, exige (la lista es tan variable como las demandas en cuestión).

El psicoanalista puede abrir ese espacio de espera, introducir el problema de modo tal que el sujeto no tenga que precipitarse, trabajando durante un tiempo en una puesta en forma de su demanda. Puede también colaborar para que aquellos que deben decidir desde sus responsabilidades institucionales puedan soportar mejor las vacilaciones de los niños que indican -como enseñó Lacan- que la verdad no puede sino decirse a medias.


(1) Maleval, J. C, en Lacan web television: La reasignación de género en el niño

(2) Lacan, J., Sem 21, Les non dupes errent, inédito, p- 77